a:hover { text-decoration: underline;

miércoles, 26 de octubre de 2016

Ser viejo es, necesariamente, volver a vivir lo mismo?


     Imagen de Internet ... es solo una foto muy vieja

26 octubre 2016

Una joven, bella y muy señorial cincuentona, cruzaba la Calle del Teatro arrastrando, cogida por el brazo, a una anciana que apenas podía moverse y mucho menos con la agilidad que le exigía la bella. Llegando al bordillo de la alta acera que hay frente al Teatro, la anciana se para, en un claro gesto de tomar fuerzas para acometer la escalada, y es ahí  cuando la desairada y señorial cincuentona, se pone a gritarle a la asustada anciana: "Venga Mamá, date prisa que voy a llegar tarde por tu culpa" ... y de muy malos modos le tiró con fuerza del brazo a la anciana hasta que superó su dura prueba de hoy ... ella, la anciana, me miró y me  saludó... al instante otro tirón de brazo de la bella la alejó de mi. 

Pedro, el eterno joven setentón y gran amante de la salsa, cuando le contaba la historia de la bella y la anciana del Teatro, y mientras apurábamos ese café puchero de la madrugada en el Rincón más lujoso de las pedanías de un pueblo imposible, me dice: "Eso no es nada, Enrique, mi mujer que ayer cumplió los setenta, se ve obligada cada madrugada a acudir a casa de nuestra niña, para levantar a sus tres niños, asearlos, vestirlos, hacerles el desayuno y ponerlos en la puerta para que su niña se los lleve al colegio. Yo voy a llevarla y a ayudarla, pero no aguanto los gritos de la niña cuando, encima, le va reprochando a su Madre que va muy lenta y que por su culpa van a llegar todos tarde a todas partes. Ni te cuento que cuando empiezan los gritos yo me voy y a eso de las doce la recojo pues, además, ella, (mi mujer), se queda para ponerle en orden la casa de ropa en el suelo, polvo y juguetes por todas partes, orden en los baños y en la cocina ... un horror. Mi hija ejerce de abogada en un despacho del centro y su marido, que es médico, sale a las siete de casa y vuelve a las diez de la noche, supongo que para no verlos en todo el día. Solo los vemos con tranquilidad el domingo que vienen a la casa del campo para que les hagamos la comida y  entretengamos a los niños mientras ellos una vez bien comidos... y bebidos, se suben al dormitorio nuestro a hacer la siesta y para que así pasen una tarde de amor incorrupto hasta la hora de irse".

Cerré la antena receptora de la sinrazón y me fui a un luminoso lugar del altiplano donde podía ver la infinidad del territorio inhabitado y la inmensidad de ese Mar que tanto me influye a la hora de calmar la sensación de ingratitud que en los más veteranos de nuestra era provoca esa actitud de los más jóvenes ante algo que desconocen, lo cuál, sin duda, será porque nadie, ni nosotros mismos, se lo hemos sabido enseñar. 

Decía un viejo muy viejo, de cuyo nombre no puedo, (ni quiero), acordarme, que la vida es vida porque nuestros viejos la hicieron posible ... 






Enviado desde S6+Edge



enriquetarragófreixes




6 comentarios:

  1. De eso, de lo quue dices al final, no se acuerdan los jóvenes, pero yo les diría:
    No preocuparos a cada cerdo le llega su San Martín.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca yo lo hubiera expresado con más claridad querida amiga Tracy.

      Eliminar
    2. sin lugar a dudas que nás puedo agregar no mucho
      BESOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

      Eliminar
    3. Cuando Tracy sentencia, amiga Mucha, es incontestable.
      Un abrazo de jueves

      Eliminar
  2. Me recuerdas la situación de mi madre (no por mí claro), pero por desgracia así es.
    Un fuerte abrazo, Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este mundo ... ¿Hacia dónde va querida Celia?
      Un abrazo de miércoles.

      Eliminar