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lunes, 14 de noviembre de 2016

Vivir o esa bella sensación de saber hacerlo


танцоры на улице


14 noviembre 2016

Hay cosas que por muy rutinarias y sencillas, que  parezcan, forman parte de un rito esencial en la vida de las personas. Dar un beso de despedida a Ella a cualquier movimiento que suponga cruzar el umbral de la entrada; abrazar a ese amigo que enviudó el mes pasado y que aun no ha conseguido superar y que todos los dias baja al quiosco de Antonio a comprarle el Diario Vasco aunque ella ya no esté; preguntarle  a Lola por su anciana madre que a sus 93 lucha contra un mal tratado cáncer de mama y que ella, la Lola, lleva tan mal como nadie quiere; sentarte en ese blanco y bajo muro junto a Cohonesto a esperar a ese pajarito caprichoso al que le traigo sus migas de pan que él come de mi mano como un manjar; tomar tu café casi de puchero en el Ateneo mientras escuchas las originales vanidades de unos y las tristezas de otros; sentarte en tu banco de madera en el Paseo de la Playa a escuchar el hoy rugiente batir de las olas contra una indefensa arena mientras confiesas ser feliz a pesar de tus "cosas". Vivir la vida  es esa cosa que, siendo tan sencilla, a unos les parece un horror y/o un vicio a consumir sin sentir y a toda prisa, y a otros un regalo del que conviene aprovechar cualquiera de sus segundos.  Yo he aprendido a ser de los afortunados, sí, a ser del grupo de estos otros.




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