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martes, 21 de marzo de 2017

Dulce rutina, vida, Aitana la bella y esa necesidad de vivirla


21 marzo 2017

Mi querido Director general de puertas de la urbanización me advierte: "Preguntaron ayer por ti, venían del Juzgado, los mandé  a tu casa y cuando volvieron me preguntaron cuando podían encontrarte aquí, en casa. Me enseñaron papeles y me di cuenta que no eras tú, era otro Enrique pues era en el 20 ... se equivocaron". Vaya, mi querido responsable de la "urba" descubrió ayer que hay más de un Enrique por la Playa.

Juan el malagueño más valenciano que jamás tierra bendita haya conocido, dice que su Vicenta aún no le ha perdonado aquel desliz labriego con la niña de Alcorcón que le llevaba los papeles en esa obra de las 400 viviendas que él dirigió allá y allí, en el 79. Pasa que ella, (la fiel Vicenta), le ha descubierto un par de guasaps traidores con ella, (con la de Alcorcón), en ese mundo cruel e indiscreto cual es el de los mensajitos en el móvil y, con razón, se la ha armado.

El ilustre seguidor de Jesús Cristo, mi cura favorito, dice que su médico le ha recomendado que se case con cualquier guiri que se parezca a la Ann Margret cual es la imagen de la mujer perfecta para él, (el cura), en el mundo del cine de sus sueños: "A cierta edad conviene tener compañía amigo Elviro, eso cura todos los males" - le ha dicho el galeno del ambulatorio de la calle Arpón.  "Tendrías que ver la cara que ha puesto el muy pagano cuando le he dicho que era cura. Casi me regala dos ampollas antidolor y una caja de ibuprofeno con arginina".

Pero la nota alta de la mañana la ha dado Aitana, esa bella señora que, a sus cuasi setenta, luce un palmito que para sí quisieran muchas de las divas de la hamburguesa de hoy. Llegaba ella de un largo paseo por la Playa y se sienta entre los dos, (entre Elviro el cura y yo mismo),  viene con pantaloncito de deporte, piernas cruzadas, que las cruza con la habilidad de una niña ligera como una pluma, piel tersa y morena del sol que le cae a diario, melena rubia recogida a un lado, faz morena, brazos morenos y camiseta de Loewe ajustada al límite de su piel, ah, y con escote a gusto de machitos insolventes ... toda una provocación de señora elegante, discreta y pijamente amanerada. Una cuasi setentona de lujo. Bien, (vayamos al grano de maíz sensualmente perverso). La "niña", (Aitana), después de los clásicos "quetalestais" y "quebienosveo", y sin dejar que nosotros dos mediáramos palabra alguna, nos dice: "Me encanta la rutina, la de cada día de mi vida de hoy, me encanta veros ahí a los dos dos tan enamorados, tan sensibles, tan de lo vuestro, siempre hablando de vuestras cosas, de vuestras contradicciones, de vuestras frustraciones, de vuestros amores ... eh, sin mariconerías, lo sé, la amistad es lo que es y es, siempre, lo máximo a alcanzar por los humanos al margen del amor verdadero y sé que cada uno de vosotros dos tenéis el vuestro y en distinto lugar. Seguid así, chicos, lo mío es y ha sido siempre, de un poquito a muchos, pero lo vuestro es un arcaismo, sí, ya no se estila eso de querer solo a uno o, (como dicen los progres de hoy), a una. Sois invisibles para el ejemplo, para una Sociedad que no os entiende, ni siquiera para mi, pero lo mío debe existir como modelo de aquellos que no hemos sabido interpretar la belleza de lo imposible, sí, la del amor posible en la inmensidad del tiempo, tú  a la tuya querido Enric y tú  a tu imperdonable Dios, querido cura". La "niña", sin que pudiéramos soltar ni un ""ohhhhhh", se levantó, puso su armónico y cuasi celestial cuerpo en pie, se agachó para darnos un beso-piquito en todo el morro a cada uno y se marchó,  al ritmo de marcha atlética, con un indespreciable ... "Adiós chicos, os quiero, no cambiéis nunca".

Vivir para sentir .. y Elviro me abrazó al susurro de "Somos lo que somos, Enrique " ... y eso me dejó  con ganas de preguntarle: ¿Qué? y él, (sin decirlo), con aquello de "Yo también te quiero mi feligrés favorito". Luego, suspiros profundos, dos cañas, una de mejllones al vapor y un rezo al Dios de siempre para que mañana volvamos a vernos. Mañanas rutinarias para no olvidar nunca.




Enviado desde S6+Edge

2 comentarios:

  1. El amor posible en la inmensidad del tiempo. Me quedo con esa frase, una más de las tuyas. Ese amor que no se creen los de hoy sin reparar tampoco en que los que pensamos así tampoco somos santos, ni de lejos. Somos…¿cómo te diría yo? Una boya siempre a flote, pero vapuleada por las tormentas. Feliz tarde poética.

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    1. Y yo me quedo con ... somos como una boya en la tormenta. Nada más cierto, querida amiga María Paz.
      Feliz tarde

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