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martes, 4 de marzo de 2014

Imprudentes preguntas

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Jaroslaw Kukowski: Otro punto de vista

04 marzo 2014

No es nada oportuno, a veces, preguntarle a uno de tus amigos cafetulianos como se encuentra su mujer, su hijo o él mismo. Yo, en un afán de meterlos a todos en la vida real no paro de preguntarles por su salud, por sus cosas y hasta por sus proyectos de futuro, sin darme cuenta que puedes cometer alguna imprudencia al hacerlo.

-Paco, uno de los nuevos, que en los 80 fue el terror del mundo de la construcción de naves con estructuras de hierro por sus precios, por su calidad y por su falta de competencia, me daba un abrazo de rigor a las primeras de cambio para luego, al preguntarle por su santa mujer, se sentara para contarme, con cara de haber perdido la vida, que ella murió hace cuatro años de un cáncer de páncreas. Yo, también, me senté. Leonor, Arturo y hasta la misma Loli, me miraban con cara de querer asesinarme. Le puse, a Paco, la mano en el hombro en señal de sentimiento, pero de pronto se levantó y me dijo:

-“No te preocupes, Enrique, estoy bien, ahora vivo con una chica de Agost, de buena familia y muy liberal, ya sabes, no me obliga a estar todo el día atado a ella. Le llevo diez años, ella tiene sesenta, pero estoy encantado de haberla conocido. Vivo en su casa porque ella, allí, tiene servicio, pero, a veces, nos venimos al chalet de El Cabo de Las Huertas donde vivía yo solo tras la marcha de mis dos hijas a no sé donde con dos maromos de poco pelo, llevándose la herencia de su madre que es a nombre de quien tuve que poner todo mi capital y mi patrimonio para evitar que me lo quitaran los acreedores. Estoy feliz y de economía ando bien pero no tanto como esa era dorada en que nos conocimos, aunque,  no creas, de no ser por el dinero negro que supe guardar en lugar seguro, ahora estaría en la puta calle pues la casa no es mía pero, eso sí, ostento el usufructo por ser la casa conyugal.”

-Ante la cara de sorpresa con que todos se quedaron, Paco alzó la voz ante todos ellos para invitarlos a una caña y lo demás ya no os lo cuento, es de escaso interés y muy privado. Podría herir la sensibilidad de mi médico.

 



 
Las Cosas de Enrique #etarrago 
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2 comentarios:

  1. Al menos la condena es dulce...........Un saludo

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    1. Si, amigo argy, me sorprende, siempre, la capacidad que tiene el ser humano, (al menos, algunos), para cerrar sus heridas a cierta edad.

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