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domingo, 16 de marzo de 2014

La Misa del Domingo y … “¿Has visto que buena está la nieta de Leonor, Enrique?”

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Murad Osmann

16 marzo 2014


Hacía ya mucho tiempo que no practicaba esas olvidadas  liturgias y que, tengan que ver o no, con nuestras vocaciones religiosas, no deja de ser, al menos para mi, todo un acontecimiento social. Hoy he ido a Misa de doce. Allí estaban todos, pecadores, golfos, hipócritas, paseantes y hasta algún creyente. Lo mejor es, como en el teatro, la social tertulia que se produce antes y después de la Misa. Los más viejos van con corbata y pelo mojado, ellos, sombrero o pamela a juego con el  traje chaqueta siempre de color discreto, falda por debajo de la rodilla y medias incoloras, ellas. Los jóvenes van al uso de la era, con cresta en el pelo, vaqueros, zapatos deportivos y haga frío o no, camiseta color con algún estampado reivindicativo, siempre en inglés, ellos, y falda corta, (cortísima), camiseta anunciadora de un cuerpo 10, más discretas que ellos y, eso sí,  taconazos de aguja. Ah, me olvidaba de los niños, si esos cachorros del demonio que juegan al fútbol en el jardín de la Iglesia que arman más ruido que los ultras del Madrid y que las madres de la falda corta controlan, (es un decir), para que no se metan en la Iglesia y dejen de mandar la pelota a los cristales de la preciosa y luminosa Iglesia de la Playa. Luego están los hijos e hijas de alguien, (que son, también,  nietos/as de mis amigos),   que van a Misa para ver si así las/los dejan salir de noche sin grandes reproches. “Son tan buenas mis nietas, Enrique”, me dice Leonor.

Al entrar no me he parado, pero al salir ha sido como en el Hall del Real, Hola por aquí, hola por allá y luego, eso sí, los lascivos comentarios de Antoine: “¿Has visto que buena está la nieta de Leonor, Enrique?” – Le tengo que recordar a Antoine que la niña debe tener menos de 20, pero él insiste; “¿Menor?, la tendrías que ver los lotes que se da con el maromo en el Pub de la madera en La Playa” – Ah, luego me toca aguantar dulcemente a Arturo y sus nostálgicas Misas en el Aaiún cuando hacía la Mili en Regulares. Juan, el viudo y jubilado sin rumbo, siempre llora; “Enrique, que quieres que te diga, es que me acuerdo mucho de ella y de todo el daño que le hice. Yo es que fui muy golfo” – Pero al final, lo mejor llega con Pepe, (el sindicalista hasta la muerte), que al verlo le pregunto; “¿Pepe, tú por aquí?” – “No, Enrique, solo vengo a saludar y a llevarme a Juan y a Antoine al Lloc para hacernos la Cervecita con una de rellenas. Ah, por cierto, has visto que buena está la nieta de Leonor. Les voy a decir si se vienen con nosotros” – Tentador.

Camino de casa me preguntaba si Goethe tenía razón cuando dijo aquello de que el comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen. Ah, que pena,  lo de ir a Misa ya no es lo que era ¿Verdad?, claro, ahora es mejor.

4 comentarios:

  1. Nada es lo que era Enric,,,,,,Por cierto, esa Iglesia a la que tu vas fue un punto de encuentro en mi años de juventud insultante cuando cursaba aquello que se llamaba BUP, que grandes momentos pase allí y que buena gente conocí.

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    1. Es la mejor Iglesia que jamás haya conocido, amigo argy.

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  2. La iglesia siempre será la iglesia. Y quienes la visitan...pues habrá de todo, como siempre hubo, otra cosa es que se pueda ver más y apreciar más.
    Un besote.

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    1. A mi, amiga detalles, me encanta ir. A veces no sé por qué, pero me gusta estar allí. Mi padre me llevaba todos los domingos del año a la Iglesia del Pino en Barcelona, a misa de 12 y luego nos íbamos a hacer un buen vermú. Las ideas no sé, que también, pero las costumbres me parece algo esencial, conservarlas. Feliz tarde.

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