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sábado, 16 de agosto de 2014

Una noche cualquiera de un viernes cualquiera de un mes de agosto, cualquiera

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16 agosto 2014   -   2016

Las noches de un viernes cualquiera de agosto, no son nunca noches cualesquiera, para los más veteranos son como la misma redención o como una escena romántica del ayer. Para los más jóvenes es, solo, una noche más, noche de móvil en mano y ropa ligera para lucir, descuidada pero cuidadamente, todo tipo de vulnerables encantos. Todos se preparan para salir, para que su piel luzca más morena que nunca y sus peinados lo suficientemente preparados para que ofrezcan ese aspecto cuidadosamente despreocupado e informal con que, todos y todas, pretenden mostrarse ante sus followers. 

Ellos y ellas buscan objetivos parecidos. Los más jóvenes se citan a partir de las doce de la noche y los más veteranos, a partir de las nueve. Los de las nueve, los veteranos, se van a tomar un picoteo y, ah, para ellas, nada de sepia plancha con ajo y perejil o gambas al ajillo, no sea que mate el encanto de algún roce inesperado. 

Ellos, solo alcohol blanco, para no lanzar inoportunos y desagradables, avisos de beodez como un vulgar dragón. Todos los veteranos se juntan en su ateneo de la danza de salón a partir de las diez, las once y los más divos, a partir de las doce, pero todos hacen cara de felicidad, de haber dejado frente al espejo del baño de casa, todos esos muchos años pasados a la sombra de las prohibiciones morales, sexuales y hasta intelectuales y ofrecen, ahora, ante la escasa luz de las salas del nocturno hábitat veraniego, sus mejores encantos, sus gracias y hasta alguna delatadora piel maltratada por el implacable reloj de sus desdichas y algún inoportuno foco discotequero. 

La gente se habla pero no se escucha, salvo cuando suenan las de Luis Miguel, Julio Iglesias o las del Gran Puma. Nadie reconoce su sordera, ni otras limitaciones, ni nadie explica que se van al baño, ellas, para ponerse taconazos y para echarse colonia, ellos, en cualquier parte, por si acaso. Todos olvidan sus dolores, jaquecas y sus desdichas. Muestran y quieren mostrar, su mejor cara. 

Nadie se siente inferior y, la mayoría, pierde, por completo, el sentido del ridículo aumentando, eso sí, su autoestima, gracias a los grados de la copería que se va sirviendo, como no, con el estómago no muy lleno por eso de que no vayan a notar que la camisa, en ellos, se le sale del pantalón, y que se le marquen la lencería en exceso, a ellas, en caso de que la ropería se vaya ajustando demasiado. 

Los veteranos, a eso de la una de la madrugada ya empiezan a desfilar iniciando el éxodo hacia la realidad de sus vidas, unos, o hacia una cita por descubrir, otros. 

Mientras tanto, los jóvenes acaban de empezar lo suyo y andan por sus lugares de poco gasto, escaso o nulo consumo, mucha botella grande, alguna playa oscura y perversa, y, desde luego, derrochando mucha juventud y amor a borbotones por donde quieras mirar.

Las noches de los viernes de un mes de agosto cualquiera, de un año cualquiera, de un tiempo cualquiera, son lo que son, lo que son y han sido siempre, mágicas.




enriquetarragófreixes



2 comentarios:

  1. Buenos dias Enrique...Por este lado del mundo tampoco son noches cualquieras...Se llenan los clubs, y a mi, que siempre me gusto el baile...me emociona mucho por la musica y los tragos tan ricos...aunque debo admitir que ya la carrera se va haciendo mas lenta y el horario mas reducido. jajajaja pero de cualquier modo me transporta a una epoca de muchas emociones.y cargo baterias para el trabajo de la proxima semana. Amigo ten buen sabado y domingo. :)

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    1. La magia de los viernes está reservada para gente con clase, Idolidia. Los sábados es y son, terribles en cuanto a aglomeraciones.
      Un abrazo y feliz fin de semana

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