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martes, 31 de marzo de 2015

Esos bonitos y viejos libros


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31 marzo 2015

Estaban allí, indefensos, como un perrito bebé en un escaparate, esperando que alguien les dijera vente conmigo. Los vi los toqué e imaginé, con los ojos cerrados, todo su largo periplo. Quizás lo compraste tú cuando eras aún un niño y cuando te aburriste de tenerlo, alguien lo mandó al contenedor azul para que dejara de molestar. Quizás fuiste tú, viejo grandullón de la gran ciudad, que comprabas libros para mostrar tu calidad de ejecutivo progre y que un buen día cuando viste que nadie te decía nada se los diste a tu secretaria para que se deshiciese de ellos. O tal vez fuiste tú, querida amiga, que viendo que tú casa se quedaba pequeña,  decidiste vaciar parte de la librería y mandar al Rastro de tu ciudad todos aquellos libros que veías que no tenían las tapas bonitas o que no hacían juego con el resto del mobiliario de una casa tan noblemente digna y respetable como la tuya.

Quizás Charlotte Brontë nunca hubiera imaginado que su libro acabaría ahí, en un bello y sencillo, escaparate de un bendito barrio junto a la mejor Playa del Mediterráneo, donde la lectura es un gran aliciente y un gran deleite, mientras  se practica la relajación espiritual frente al mar … y el sol.  Antonio, nuestro Jefe de Prensa, es un gran emprendedor, siempre lanza nuevas ideas al mundo del consumo de cosas para leer, (sic), al mundo de la lectura. Gracias, amigo, por ser como eres. Menos mal que siempre quedan amantes de la literatura y que lo que menos les importa es el aspecto de las tapas de esos preciosos libros que ahí tienes. 

Ah, Antonio, cuida que los perros no se meen en las patas de ese precioso escaparate.

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