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domingo, 12 de abril de 2015

No pude decírselo ... ni a Rosa, ni a María

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Fotografía de ... Sergio Larrain

12 abril 2015

Bajar por encima de esas viejas, planas, y bien colocadas piedras, y saber que allí yacían soportando el paso centenario de miles y miles de animales de tiro y carretas desde "quiensá" cuanto tiempo, me impresiona, siempre, imaginarlo …

Vi a María en la puerta, pensé que debía decírselo, pero que quizás me faltara valor. Yo tenía 7 años y ella, entonces, a sus 33 me parecía muy vieja, muy seria y extremadamente rígida. Yo venía  de verla a ella saltándome todas las normas de la casa, había entrado en las cuadras solo, me puse los zuecos para andar por encima de esos asquerosos y resbaladizos suelos y me fui a abrazar a mi querida Rosa, que era mi ternera favorita. Ella, Rosa, (tenia una curiosa mancha rosa en su blanca piel), era rebelde e indómita,  nadie podía acercársele, pero a mi me dejaba que la tocara, que la abrazara y que la besara en su piel ... como niños que éramos los dos. Había ido a pedirle que fuera mi novia pero no me atreví ... tampoco me atreví a decirle a María que había estado allí, con ella, con Rosa  ...

María, al verme llegar por esa cuesta, dejo la escoba, me miró ... me abrazó y, mientras esbozaba una rara sonrisa, me preguntó: "¿Has hecho algo, Enric?" - Noooooooo - contesté. Entonces María, que era una guapísima "anciana", me atrajo hacia sí y me dio un fuerte y largo abrazo y, después, me dijo; "No me importa que me engañes, Enric, pero debes aprender algo hoy, si alguna vez lo haces ... que sea por amor o por una causa noble" ...

Entonces creí que ella, María que era la venerable dueña de la casa de  L´Alou   de mis amores, donde cuidaban de mi asma infantil en los 50, perdonaba mi pecado por amor a mi Rosa ... hoy, casi 60 años después, pienso lo mismo.

Enviado desde mi Note 4

 
enriquetarragófreixes

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