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lunes, 11 de mayo de 2015

Y decidieron seguir ... (Fina y Clemente)


11 mayo 2015
 
El era un emocionado amante del mundo del agro, se cobró el primer surco al heredar la pequeña finca que le dio sustento a toda una vida a sus padres y costeó sus estudios en La Capital, pero contemos sus inicios: ...
 
Sus noches en la estudiantina le hicieron famoso en el barrio más viejo y golfo de lo que él llamaba la Gloria, La Capital; en esa época se enamoró de ella, una estudiante de químicas, alma bella como la de un ángel y cuerpo excelso como la Diosa de un amor de ensueño ... varias noches de pasión sin reservas le aportaron un embarazo no deseado a su regalada vida y eso le hizo variar el rumbo; dejó los estudios, se fue a vivir con ella en un piso que el padre de ella tenía en un barrio alejado del centro y consiguió un empleo de camarero en un bar de copas de las afueras, donde más tarde ascendió a portero de control del derecho de admisión del mismo local; allí se lió con todo lo que se movía alrededor suyo que llevara falda-cinturón y aunque no ahorró mucho, consiguió con sus ingresos y algún favor, sobrevivir él y su querida Fina, a esa dura e inmadura etapa; ella acabó sus estudios y enseguida encontró curro, mientras tanto él era el chuloputas de la noche ... ese contraste empezó a crearle problemas a él y a su nefasto entender sobre la existencia del alfa macho protector ... a ella, nunca, ella lo quería por encima de cualquier otra condición; él acabó dejándola, se fue a Marruecos y allí se hizo domador de semillas y un gran agricultor; esnifó, hizo de todo incluso de lo que no es bonito, se lió con la señora de un Comandante de Ceuta y hasta estuvo a punto de conseguir la nacionalidad marroquí  ... pero no pudo ser lo que no era ... los recuerdos de su frustración fueron, siempre, con él;  adoraba lo que dejó y un buen día,  al morir su Padre, dejó todos sus logros en el marroq, vendió lo que pudo y decidió volver ... ya tenía 44, pero pensó que necesitaba volver y lo hizo ...
 
Claro, lo que he contado no son sólo sus inicios,  pero para mi lo son ... ahora me importa el final ... lo que hoy me ha contado ...
 
"Hace de ello, ya, más de veinte años, Enrique, la inmadurez nos destruye y nos da vida, solo el tiempo sabe entender tanta ingravidez. Volví, le pedí perdón aunque él,  mi hijo, nunca me lo haya perdonado,  pero ella sí  ... ella me seguía queriendo y yo siempre quise creerlo. Me fui, los abandoné porque no fui capaz de asumir mi fracaso cómo hombre ... ¡qué error! ... ella, cuando me vió volver, me abrazó y me dijo ... no digas nada, solo quiero saber si me quieres ... Asumí la responsabilidad que me sirvió de excusa para volver, me hice cargo de la finca de mis Padres, la hice grande, compré muchas más  y hoy, a mi modo, soy el Rey de La Huerta ... mi hijo me ha perdonado y a ello me ha ayudado, ahora,  su necesidad de futuro, claro, pero a mi me vale, quizás algún día me entienda. Fina sigue trabajando, solo tiene 61, y yo ya solo espero que llegue a casa, a la que nunca debí dejar y a que tenga un día libre ... como hoy,  para estar con ella, aunque sea para que me acompañe al Mercadillo".
 
Viajar por La Huerta ... es, siempre, un placer ... son historias para un mejor dormir y un inesperado entender de lo ininteligible.
 
 
Enviado desde mi Note 4

 
Enrique Tarragó Freixes  -  (etf-etc-etl)

 Esta bloguería se publica, a la vez, en: http://bit.ly/1tVhOPd - (Página de enlaces)
 

 

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