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jueves, 18 de junio de 2015

El Sentido de la vida y la venta del alma

Fotografía de Henry Cartier-Bresson

18 junio 2015

Pepe tenía hoy un gran disgusto y algún sospechoso miedo que, sin poderlo evitar, trasladaba al resto de ministros de lo inútil con quienes compartía café,  algún carajillo,  bastantes lágrimas secas y un enorme sinfín de soluciones sociales, políticas y espirituales, lanzadas al desierto de lo que a nadie importa, como corresponde a cualquier viejo veterano en su etapa más dorada ... y plateada.

Contaba Pepe que su cuñado, (también exsindicalista), murió ayer fruto de la soledad y la tristeza que produce la extraña y olvidada,  incapacidad de ser útil a cierta edad. Huyó de la España de Franco en el 72 y se instaló en un pueblecito del Sur de Francia cerca de Foix. Se casó con una bella nativa amante de la poesía  que le dio un hijo y un apasionado vivir hasta que ella a los doce años de feliz enamoramiento lo dejó por un empresario del viñedo que tenia mucha fortuna y años. Él nunca dejó de trabajar y de enredar con la cosa sindical, tanto que un accidente con una máquina agrícola lo dejó sin una pierna y sin trabajo,  pero lo llevó al sindicalismo rabioso, espacio que tuvo que abandonar por ausencia de seguidores y por su intransigencia al necesario y práctico, compadreo empresario-sindical. Su hijo murió en una calle de Ámsterdam a los 23 embebido en polvo de cualquier sustancia y alcohol y a él, (al padre), nunca se le conoció amor alguno desde que lo dejó su añorada poétesse. Según cuenta Pepe ...
"Mi cuñado llevaba varios años queriendo volver a España, quería vivir conmigo pero le fue dando largas ... y yo también,  (entre sollozos sin lágrima), mi cuñado no tenia objetivos, se quedó sin encontrarle sentido a seguir viviendo y una buena noche se tragó un tubo de pastillas de no sé qué, que lo mató.  Dejó una nota muy larga y que concluía con un, más o menos, algo así  ... Fui feliz mientras pude encontrarle sentido a la vida. Ahora prefiero morir".
A veces, cuando pululo en horarios no laborales por esas benditas zonas de paseo que las hay en cualquier parte que las quieras encontrar, solo encuentro a jóvenes parados haciendo deporte, a abuelas y abuelos con carrito de bebé y a una inmensa cantidad de gentes veteranas que muestran actitud ausente, paso lento, sin rumbo y  que dentro de un enorme globo transparente veo a su alma metida en él empujando como gas latente al mismo hacia el infinito, mientras un fino hilo lo sujeta al puño de su aún dueño. Del globo cuelga una pequeña etiqueta con un título escrito en ella y que a veces se lee ... ¡¡Se Vende!! ... y en otras ... ¡¡Estoy aquí!! ... y en las menos ... ¡¡Qué bien vivo, coño!!
Id con cuidado ... con ese fino hilo, puede romperse en cualquier momento.


Enviado desde Note 4




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