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viernes, 12 de agosto de 2016

La vida no se acaba nunca ... ¿O sí?



Fotografía de Henri Cartier-Bresson - 1952

12 agosto 2016 

Yo no sabía como atacarle, llevaba la cremallera del pantalón abierta y los ojos puestos en el horizonte. Al acercarme me di cuenta de que desde su bragueta abierta salía un tubito que iba hacia una bolsa de plástico que llevaba colgada de su mano con aparente peso en su interior. Al pasar le dije: Adiós compañero.

Un hombre muy bien vestido y calzado, setentón, moviéndose como un chaval, sale del coche recién aparcado en la zona reservada a discapacitados en Fontana y al ver que le miraba con cara de fundirlo me dice: "Voy a buscar a mi madre que está muy mal" y yo le contesté por lo bajo ... "que estará en los cielos, claro" ... y el setentón, sin más, se metió en la cervecería del Nou Delfín saludando a todo quisqui. 

Por último un par de veteranas amigas me paran en la puerta de la frutería y me dicen ... "¿Ya está usted bien, Enrique? Nos habían contado tantas cosas sobre su salud que ya empezábamos a dudar de si volveríamos a verle. Hemos estado rezando por usted todos los domingos, su amigo el Párroco lo sabe. Nos alegramos de verle".

Con todo y sin más, me quedo con ellas, con las veteranas amigas, aunque quieran incinerarme antes de que el Párroco me bendiga. Y es que la vida sigue, estés o no estés en ella y ante ello lo mejor será olvidarse de que se acaba ... aunque conviene recordar que eso no es cierto pues para ello ya se encargan las buenas y queridas compañías de recordártelo. 

Carpe Diem, ese es el lema del hoy para hoy, háganme caso ... lo demás, a cierta edad, no importa nada.



Vivir, solo vivir o las elucubraciones de la Loli en una noche de mesa redonda (de las de hablar)





Enviado desde S6+Edge






enriquetarragófreixes



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