sábado, 17 de agosto de 2019

Una noche cualquiera de un viernes cualquiera, de un mes de agosto cualquiera y de un lugar cualquiera



17 agosto 2019

Las noches de un viernes cualquiera de agosto, no son nunca noches cualesquiera, para los más veteranos son como la misma redención o como una escena romántica del ayer. Para los más jóvenes es, solo, una noche más, noche de móvil en mano y ropa ligera para lucir, descuidada pero cuidadamente, todo tipo de vulnerables encantos. Todos se preparan para salir, para que su piel luzca más morena que nunca y sus peinados lo suficientemente preparados para que ofrezcan ese aspecto cuidadosamente despreocupado e informal con que, todos y todas, pretenden mostrarse ante sus followers. 

Ellos y ellas buscan objetivos parecidos. Los más jóvenes se citan a partir de las doce de la noche y los más veteranos, a partir de las nueve. Los de las nueve, los veteranos, se van a tomar un picoteo y, ah, para ellas, nada de sepia plancha con ajo y perejil o gambas al ajillo, no sea que mate el encanto de algún roce inesperado. 

Ellos, solo alcohol blanco, para no lanzar inoportunos y desagradables, avisos de beodez como un vulgar dragón. Todos los veteranos se juntan en su ateneo de la danza de salón a partir de las diez, las once y los más divos, a partir de las doce, pero todos hacen cara de felicidad, de haber dejado frente al espejo del baño de casa, todos esos muchos años pasados a la sombra de las prohibiciones morales, sexuales y hasta intelectuales y ofrecen, ahora, ante la escasa luz de las salas del nocturno hábitat veraniego, sus mejores encantos, sus gracias y hasta alguna delatadora piel maltratada por el implacable reloj de sus desdichas y algún inoportuno foco discotequero. 

La gente se habla pero no se escucha, salvo cuando suenan las de Luis Miguel, Julio Iglesias o las del Gran Puma. Nadie reconoce su sordera, ni otras limitaciones, ni nadie explica que se van al baño, ellas, para ponerse taconazos y para echarse colonia, ellos, en cualquier parte, por si acaso. Todos olvidan sus dolores, jaquecas y sus desdichas. Muestran y quieren mostrar, su mejor cara. 

Nadie se siente inferior y, la mayoría, pierde, por completo, el sentido del ridículo aumentando, eso sí, su autoestima, gracias a los grados de la copería que se va sirviendo, como no, con el estómago no muy lleno por eso de que no vayan a notar que la camisa, en ellos, se le sale del pantalón, y que se le marquen la lencería en exceso, a ellas, en caso de que la ropería se vaya ajustando demasiado. 

Los veteranos, a eso de la una de la madrugada ya empiezan a desfilar iniciando el éxodo hacia la realidad de sus vidas, unos, o hacia una cita por descubrir, otros. 

Mientras tanto, los jóvenes acaban de empezar lo suyo y andan por sus lugares de poco gasto, escaso o nulo consumo, mucha botella grande, alguna playa oscura y perversa o buscando el más cañero after hour de la Playa, y, desde luego, derrochando mucha juventud y amor a borbotones por donde quieras mirar.

Las noches de los viernes de un mes de agosto cualquiera, de un año cualquiera, de un tiempo cualquiera, son lo que son, lo que son y han sido siempre, mágicas.




enriquetarragófreixes



viernes, 16 de agosto de 2019

Un día nos llamamos y comemos



16 agosto 2019
– Pensé que podía girarme para ver el reflejo del sol en el agua del estanque de la Plaza de España, y zas, me tuve que apoyar en una escogida y santa sesentañera para no besar el suelo. ¿Está usted bien? – me dijo. No también como usted – le contesté.
– Paro en un bar oscuro, oculto y con paredes llenas de lagrimones grasientos con un bendito olor, todo el local, a fritanga prohibida, y le digo al Mozuelo Santiaguero que lo regenta: “¿El aseo para prostáticos sin fronteras? y el chico de la Chile profunda sólo levantó un dedo indicativo del lugar a peregrinar pues allí, en la dirección indicada había en cola tres abuelos de mi edad que, seguramente, ya irían “pata abajo” desahogándose. Finalmente fue todo bien, es decir, sin humedades impropias, incluso me tomé antes de irme un café descafeinado como manda la Santa Inquisición anti alcohólica de mis amores.
– Una vez desahogado y las rótulas proximales y distales, engrasadas, me puse a andar en dirección al Mercado Central de la City y allí sucedió lo mejor de la mañana, sí, me tropecé con el niño Jesús, ¡¡¡jajajaja!!!, pero no el auténtico, no, me encontré a Jesús, ese aparejata, (aparejador en versión in), amigo con el que compartimos pan, sudor, ladrillos y bonux, por nuestras bondades a la hora de saber invitar a la gente del Poder a lo que sea, que no siempre es una comida en Zalacain o en el Viridiana, que también, pero no, es siempre algo más tangible y no hablo que eso fuera, siempre, dinero.
– El Jesús no nazareno de mis mejores tiempos profesionales, me dijo: ¿Nos sentamos ahí en esa cafetería?, dije  que sí, claro, y tras una larga conversación sobre recuerdos y guerras profesionales compartidas que aquí no puedo, ni debo contar, va el Jesusito y a eso de la hora de despedirnos, me dice al oído: “Oye cabronazo ladrillero: ¿Tú sabes por qué aún estamos vivos?” – NO – le contesté. “Pues porque nunca hemos contado a nadie lo que hicimos”- me apostilló de forma concluyente.  Y yo que tengo muy mala memoria le dije: “Mira Niño Jesús, no sé de que me hablas, no tengo NPI de nada, además, si pasó, no me acuerdo”. Y con una sonora y larga carcajada, Jesús me dio dos palmadas en la espalda, me revolvió el pelo, (el muy marinerazo), y mientras empezaba a andar y a modo de despedida, me soltó eso tan alicantino de … “Un día nos llamamos y comemos …”
– Ya veis, cosas del cada día que hay que aguantar estoicamente, como un Santo en el patíbulo, más o menos. Y es que yo nací para Santo ¿Verdad?

 EnriqueTarragóFreixes

jueves, 15 de agosto de 2019

Este amigo tuyo, Enrique, es gilipolla


15 agosto 2019

Siempre fui el más joven para casi todo. Fui el menor de tres hermanos, el mas joven bachiller a los 13, Aparejador a los 19, Alférez de Complemento a los 20 y Padre a los 24. Con ello conseguí ser el mas joven de todo mi entorno y ahora ya tengo a todos mis amigos jubilados, si, con lo suyo encima, o, los más, en la búsqueda del Arca Perdida. Jaime, que es un antiguo corredor de suelo de toda la vida, de los de la Vega Baja, de vez en cuando se persona a cafetuliar y, no sé, no siempre es bueno verle aparecer. Hoy, al verlo llegar, nos hemos dado cuenta que no traía ni buena cara, ni buenas emociones que contar:
Mira, Enrique, esta vida es una mierda. Encuentro a faltar mi actividad, mis viajes, mis noches fuera de casa, mis comidas en el Rio Nalón de Torrevieja y lo peor, por encima de todo, estoy perdiendo la ilusión por seguir. En fin, me estoy enterrando en vida. Deseando levantarme para ir a tomar mi primer carajillo, mi andar por el Paseo donde solo encuentro viejos amigos a los que da miedo preguntar por tal o cual pues siempre acaban dándome la fatal noticia de la muerte de alguno de ellos
-Tienes nietos?
“Si, están en Bilbao con mi hija y su marido”
-Y tu mujer?
“Está en Bilbao, con mi hija”
-Y tú que haces aquí?
Jaime no me hará ni caso, seguro, se va a Bilbao los fines de semana de cada dos, pero el prefiere seguir yendo al casino, todas las mañanas, tomarse mil vinos y doscientas copas a la vez que cuenta batalla tras batalla sobre sus noches de correrías y corruptelas a quien quiera escucharle. Así son las cafetulias, siempre tienes algo  de lo que agradecerle a la vida que no te lo haya arrebatado y, ah, también a escuchar en voces cultas, algunas veces, palabras malsonantes como ha hecho, hoy, Leonor: “Este amigo tuyo, Enrique, es gilipolla


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miércoles, 14 de agosto de 2019

La Libertad, saber interpretarla


14 agosto 2019
No sé si debiera, pero esta imagen, la de arriba, la propusieron y yo propuse, más tarde, para el premio al mejor reflejo que puede ofrecer La Libertad. No ganaron, no gané, incluso fuimos ninguneados, pero el Premio se quedó en nosotros y en mí. Nunca nadie lo entendió, nadie, incluso yo, ahora, creo que tampoco, salvo que consiga cerrar los ojos y sentir lo que su mensaje gráfico quiere representar.
Lo dijo Galeano: “Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana“… mañana será un mundo de libertad, seguro que sí, lo contrario es no saber por qué haber vivido.


 EnriqueTarragóFreixes

martes, 13 de agosto de 2019

Te desnudas igual que si estuvieras sola

Anna Duncan dancing at Long Beach, Long Island, c.1920′s
13 agosto 2019
– En el kiosco había, hoy, una marcha irregular, sí, irregular porque no había nadie conocido con lo cual no sé si ha sido mejor o peor pues charla ha habido, la mayoría en inglés, francés y hasta en alemán de la parte más radical, idiomáticamente hablando. hemos conocido a Cecania y a Ernestine, puro dulce … ¿Wie ist dein Name? – pregunta la Cecania que era la más alta y con menos colita. No me ha hecho falta traducir, inmediatamente Antoine se ha lanzado al ruedo con su clásico … “N’écoutez pas ces lézards, ils ne connaissent pas les langues comme moi que je suis français … Voulez-vous que je vous emmène dans un endroit que vous n’oublierez jamais?” … y no sé como se lo ha hecho pero las sesentañeras de Babiera se han marchado con él, con Antoine, más contentas que un ocho y más rojas que una gamba. Al marcharse, riéndose a carcajada limpia los tres, Antoine descarga su más ácida y armónica melodía verbal con su … “No penséis mal, me las llevo a Peret y luego y si la cosa continúa bien, les cantaré esa de Cristophe … Les marionnettes en el Pub de la curva de Campello.” – ¡¡¡Será pérfido!! – Se oyó al fondo, con un cierto deje Mutxamelero.
– Al parecer la cosa iba de música en este martes y trece de hoy, pues al salir hacia la cola del pan, pues en la de la fruta no había nadie y por tanto no valía la pena pararse, me encuentro a Mariluz, esa más que bella setentañera, que desde que se murió su segundo y siempre casado amante, ya no es lo que era, pues ha pasado de ir como andan los ricos en una ceremonia, es decir, cabeza alta, mirada al frente y sin mover estímulo alguno ante cualquier incidencia frontal o verbal que se le pusiera por delante, a ir como una chica del PREU de los 50, es decir, con un gesto preocupante de cómeme, cómeme que tengo hambre. Me para y me dice, hola Enrique … ¿Te acuerdas cuando bailábamos en los 90 esa de Jacques Dutroncet moi, et moi, et moi, en ese pernicioso local de la Calle Gerona? Hablamos, nos reímos y luego nos contamos eso que nadie cuenta pero que se muere por hacerlo a la que le preguntas … ¿Cómo estás? … y te lo cuentan.
– Finalmente me fui a mi banco de sentarse ahí en el Paseo de La Playa y mientras me saludaba un bella vieja de mi edad sin saber quien era, lo cual ya empieza a ser muy frecuente en mi modus vivendi actual, teniendo que afrontar esa locura senil que adorna mis sentimientos más promiscuos, me acordé de aquel viejo poema de Sabines que, más o menos, empezaba así:
Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!

 

EnriqueTarragóFreixes

lunes, 12 de agosto de 2019

Juan, Manuela y sus adorables y maduros, retoños


Fotografía de kylie Woon
12 agosto 2019
– Juan se rebela contra el mundo, apenas llega al quiosco y como si lo llevara grabado nos suelta su conferencia penal de la mañana:
Mi hijo se ha divorciado y a sus 43 y dado su enorme y recuperado  amor fraterno hacia su madre ha decidido volver a casa y se trae, además, una de las dos niñas que tiene para que esté bien cuidada, la otra se queda con su divorciada exmujer que ha partido hacia su Asturias Patria querida para irse, también,  a casa de sus padres que, al parecer, tienen pasta y poder político pues son empresarios de la leche. Pero, ahora y para más INRI, resulta que mi niño busca trabajo pues hace poco le echaron de una firma de grandes almacenes por no vestir adecuadamente, ya sabéis, pendiente, barba hipster y pelo cortado al estilo Ronaldo de sus mejores tiempos y mientras, el tío me pide que vaya por elMarca, las birras y cualquier cosa para comer, que él no necesita mucho para ser feliz … y me lo dice tumbado en el sofá chupándome el Movistar+”.
– Me voy a La Iglesia a mi Misa de diez y media, (sólo para devotos y fieles de larga duración), y allí veo, en el corro de las sesentañeras del Rosario, a Manuela que está llorando y yo, siempre tan atento a los lloros de mis congéneres y, como diría la inefable Irene Montero, y  “congéneras”, me acerco a la Capitana del Rosario que hoy no llevaba minifalda, ni medias negras, ni escote alguno, pues hoy era el veinte aniversario de su segunda viudedad, y me cuenta…:
“Resulta,  Enrique,  que Manuela  está en crisis  total en  cuestiones  de economía. Su hijo, ya cuarentón, , hace un año y medio le pidió todos sus ahorros, (unos 30.000 €), para montar un Pub de copas en San Gabriel con el santo y muy recurrente rollo de … ¡¡¡Mamá, échame una mano pues a mi edad ya no voy a encontrar trabajo alguno en parte alguna!!! … y se lo dio. El Pub se inauguró en Febrero, en Julio contaba que se arruinó, no pagó a los proveedores de los consumos de los últimos tres meses que fue casi todo, abandonó el negocio, no pagó nunca el alquiler del local y ahora, tras un mes de lloros y enfrentamientos con su madre por el dinero perdido que, por cierto, nunca gastó, el niño cuarentón se ha ido a Madrid donde vive en un piso propiedad de una sesentañera rusa que vive del mundo de la noche en Fuenlabrada, y mientras,  él ha conseguido un empleo de camarero en un club de alterne propiedad de la sesentañera. Lo peor es que Manuela, ahora, tiene que hacer frente a las reclamaciones del propietario del local abandonado y del banco donde pidió un préstamo el “adorable” cuarentón, pues ella firmó como avalista. El hijo, claro, se enfadó mucho con su madre por su incomprensión pues le importaba más el dinero que el dolor que él pudiera sentir y ahora no le habla ni le coge el teléfono.”
– Y yo que soy muy sensible, empezaron a saltárseme las lágrimas a la vez que la capitana del rosario me daba abrazos de consuelo y hasta me acercó un lindo pañuelo para que me secara las lágrimas. Fue horrible, tuvieron que venir los compañeros de la praxis urológica para arrancarme de aquel desconsuelo y de aquellos tímidos abrazos, lloré como un niño mientras pensaba que … no sé como se dice, pero tiene que ver con la Virgencita y como estoy, ¿Me entendéis, verdad?