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sábado, 5 de noviembre de 2016

Una maldita excepción: "La inmaterialidad ha muerto, viva el Siglo XXI"



Fotografía de André Kertész


05 noviembre 2016                                 2012


Estaba sentado frente a mi y me estaba contando su triste vida, que es lo que hacemos todos cuando encontramos a un amigo que no es muy hablador y, además, es como un santo Job, versión 2012. El chaval me contaba que se separó hace seis meses por aquello de la incompatibilidad de caracteres y que ella le decía que con él,  no se sentía realizada. Llevaban siete años de casados o parecido, y dejan un niño de un año y medio a cargo de los padres de ella y de él, alternativamente, aunque, formalmente, la custodia la tiene ella, la madre separada. Ella, sigue a sus treinta y tantos, siendo administrativa de toda la vida, con dos cursos de diplomatura de empresariales y unos doscientos empleos de camarera de cualquier Disco y unos dos mil más de secretaria abandonada por un jefe estúpido, siendo el último de ellos el que motivó, precisamente la separación con Raúl, que así se llama mi joven contertulio de hoy. Ella era de poca vida casera y siempre andaba buscando un empleo de lo que sea y hasta hace poco hacía horas en una conocida discoteca de la Vega Baja. Él, también parado, hace chapús de fontanería y electricidad en donde le llaman, de lo cual, de conseguirle encargos,  se encarga su mamá que le hace las veces de secretaría y de directora comercial.

El drama de la situación es que él a sus cuarenta, justo un año después de la separación, se decidió, un sábado de Agosto, a ir a la Vega Baja a reconquistar el territorio matrimonial  perdido y aunque ella lo trató con amabilidad y hasta con educación, y mientras él la adoraba y la veía servir copas a la velocidad de un rayo, un tipo de habla afrancesada, moreno, canas y llaves de coche caro encima de la mesa, le dijo a él: Llegas tarde, garçon, esta niña es cosa mía, ceci est à moi. Eso sucedió el 25 de agosto pasado, ella ahora está en Lyon, haciendo de recepcionista de una clínica de retoques para el body femenino, señora o parecido, del tal français, pero él, Raúl, que es todo un luchador, sigue haciendo chapús de fontanería, electricidad y hasta de pintura, en las casas de los vecinos de su barrio que ahora ya va extendiendo por toda la ciudad. 

Leonor, (la más veterana actora de los amantes del café de madrugada), cuando se ha ido Raúl, me dice, socarrona y muy ácidamente: Parece que en las cosas del mundo de la pareja no se hace carrera ni estudiando, ni trabajando: ¿Verdad Enrique? ... la inmaterialidad ha muerto, viva el Siglo XXI.

Quiero entender y creer, que la vida de Raúl es una excepción maldita y casual, y que esta vez no será necesario parar el mundo para bajarse en el apeadero del olvido más próximo.





enriquetarragófreixes



10 comentarios:

  1. Es que un francés y si encima tiene canas, es demasiado. Yo también se de algunas de estos sainetes.....en bidireccional.

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    1. Tienes razón, amigo Antonio, quizás la singularidad esté en eso, que esta vez es ella y no él como casi siempre lo es.

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  2. Un texto bello lleno de emociones de alguien que escribe maravilloso

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    1. Ay, querida Mucha, sé que me adultas ... pero me encanta.

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  3. Entique
    sos un artista de tus letras Tu comentario me emocionó
    Brindemos por las letras hoy

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  4. Buen texto, como todos los tuyos, lo digo aunque no haga falta.

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  5. Precioso el texto, pleno de emociones, y preciosa la imagen... Bellisima conjunción, amigo

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    1. Gracias ildefonso ... solo hago fotos con mi teclado.
      Un abrazo

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