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viernes, 26 de mayo de 2017

Un Kiki o dos, mal echados, y ya está, no hay más


Cristopher Gilbert

26 mayo 2017


- Te levantas con la convicción de que vas a echar un rato, como dios manda, en los brazos, poco etílicos, de los cafetulianos amigos de la madrugada, pues cuando el Marie Brizard o el Anis Las  Cadenas, se pone en el olfato, ante la aproximación de tus contertulios, la cosa cambia, radicalmente, al no tener un mayor interés comunicativo y se convierte en pura verborrea al estilo de las mas sombrías manifestaciones mitineras de cualquier político de moda. 

- Pero eso no es así, al rato de echarle dos miradas a la Matilde, que mientras no está el Antoine se muestra muy “corporativa”, es  decir, muy amante de manifestar aprecio a nuestras ejemplares reuniones cafetulianas y no importándole, para nada, mostrar muslamen minifaldero, cuando lo lleva, como hoy, o escote por debajo de lo normal con dos botones abiertos,  de más, en su hermosa y elegante blusa blanca muy rociera ella. Pero el aletargo sexoemocional, aparente, me lo quita mi amigo el que es todo  corazón de azafrán, llevándome al crudo presente, a la realidad misma.

- “Nada de nada, amigo”, me dice Pepe, ese que es el Norte de cualquier sindicalista de élite y prosigue; “Mira, Enrique”, tú eres gilipolla o te lo haces, yo en el twitter y en toda esa gracia de las redes sociales estoy paloquestoy, quiero decirte que yo ya estoy pasado de amores baldíos, de mentes abiertas al arte y toda esa progresía espiritual que os caracteriza a todos los blandengues que, como tú, vais por las redes sociales infundiendo paz, amor y libertad. Yo estoy allí paverloquepillo, tío, ¿y quien no?, yo voy a ver lo que alcanza mi neurona sexual, si, aquí, en la red social, todo queda en casa. Es que la gente está muy necesitada de amor, tío, y yo se lo doy. No hay facturas, no hay ranuras ni surcos, no queda nada, solo interés correspondido, y claro, eso ya no es virtual. El otro día estuve tomando café con ... y acabamos en … ya sabes, Enrique, un par de kikis y ya está, no hay más”.

- La verdad es que por muchos años que tengas, nunca dejas de aprender cosas nuevas que nunca hubieras llegado a imaginar que se podían hacer y, especialmente, cuando te la cuentan unos determinados amigos  … ¿verdad? Claro que, a veces, pienso que todo eso que me pasa tendrá que ver con que yo nací en la cara mala … seguramente.




jueves, 25 de mayo de 2017

Dejar el Nido: Una solución de futuro




Edvard Munch, The Scream, 1893


25 mayo 2017

El domingo, viendo una de esas repetidas e instructivas, películas que acostumbran a ponerle a mis nietos a la hora del recreo y/o la de comer, todas de Disney, me fijé que una madre pájaro cogía con el pico a cada uno de sus polluelos que yacían en el nido en el alto de un inmenso árbol, y los soltaba en el vacío.
Mi historia de hoy:
Me lo presentaron hace ya mas de veinte años. Ingeniero, hijo de ingeniero, como debe ser, a la vieja usanza. Ahora tiene un hijo que se hizo Economista, no le gustaba la ingeniería, la odiaba, dice que su padre tuvo la culpa. Él, el chaval,  a sus veintinueve, no había trabajado nunca para lo que se formó. Cuatro meses en el Carrefour de cajero, un año de ayudante de farmacia, y un sin fin de aventuras laborales, por horas, que le habían sumergido en la desesperación del que no sabe que va a ser de su futuro ni por donde, ni como, empezarlo a crear. Me cogió del brazo mientras levantaba mi café y me dijo: “Enrique, tu has sido empresario profesional durante muchos años, que debo hacer para conseguir un empleo digno” – Estuve una hora con él y entonces no sabía si hice muy bien al contarle todo lo que pensaba. Me contó sus hábitos, en que se gastaba el dinero que le daba su padre, su vida relacional y hasta sus correrías. Lo que mas le dolió, aunque lo hiciera en tono coloquial, es que le llamara hijo de papá y que nunca había intentado valerse por si mismo. Le pregunté sobre lo que estaba haciendo para la construcción de su anhelado futuro feliz y solo me contó vaguedades, que el mundo estaba contra él y que sin experiencia nunca le contratarían. Dejé de presionarle pues, seguramente, a él nadie le había hablado en su vida con tanta crudeza como lo estaba yo haciendo en aquel momento, aunque yo no lo supiera. Le hice ver que lo primero que debía saber era sobre su verdadero valor personal y profesional, sobre lo que ciertamente sabía hacer, si estaba dispuesto a pregonarlo con vehemencia y dedicación, a emprenderlo y si estaba dispuesto a sacrificar su “desdichada vida actual” por otra de mayor contenido. Le enseñé a crearse una personalidad virtual, a encontrar focos de negocio, a buscar foros sobre integración profesional, nidos de creatividad y un sin fin de citas sobre lugares y países  con prometedoras economías emergentes.
Ahora, pasados tres años, a través de Linkedin y de Twitter, me ha mandado mensajes de agradecimiento recordándome aquella charla. Él, ciertamente, lo consiguió, se hizo un auto-escáner sobre sus verdaderas posibilidades, creció, arriesgó, se dispuso a sacrificarse y a jugarse el todo por el todo dejando una acomodada vida en el nido paterno por la de la búsqueda de un escenario donde poder desarrollar sus verdaderas posibilidades. Hoy trabaja en Londres  como gerente de una de las oficinas de una importante Compañía de Aviación y, ah, según me dice; es feliz, muy feliz y como el mismo me dice, también, me agradece en la despedida de su nota de hoy que le enseñara a creer en él, en sus posibilidades y que gracias a esa charla, según me dice en tono un tanto jocoso, “no se encuentre en la puta indigencia, Enrique, gracias, amigo” (Sic)
Seguramente, mi joven amigo es uno de esos bichos raros, que solo son algo mas del 12% de nuestros jóvenes, que antes de los treinta y cinco encuentran un empleo estable y adecuado a su formación y posibilidades, sí, eso es aún posible, pero su ejemplo, aunque solo sea por unos instantes, me despierta las ganas de volver a serlo, de volver a ser joven, yo también fui muy feliz siéndolo. Enhorabuena amigo.




miércoles, 24 de mayo de 2017

A mi me gustan las orondeces

24 mayo 2017


Recuerdo un tiempo en que todos cantábamos al grito de "me gustan gordas, gordas, gordas" y nadie se asustaba. Lo de la delgadez extrema que ilustra algunas de las letras de las canciones de uno de mis ídolos cantores, lo es al referirse a síntomas evidentes de enfermedad o de falta de vida. Los tiempos han cambiado tanto que ya no se nos deja brindar por la orondez, por las curvas pronunciadas y por todo eso que algunos aún llamamos deseo. Mantener la línea no es un asunto de salud como nos quieren hacer ver, es solo el macro-culto al body que se impone por encima de cualquier otro criterio, es el mas claro ejemplo de un deformado sentido del amor propio, es, tan solo, una deformación muy próxima al narcisismo acérrimo. Hombres depilados y mujeres al borde del objetismo.  "Me he hecho la brasileña", "me voy a quitapelos" o el ya más clásico "no es lo que parece, cariño", es el pan nuestro de cada día y el objetivo principal, lo último,  de un modo de vida que se me hace algo torpe y altamente peligroso.

"Claro, Enrique, a ti te gustan las orondeces porque tu estás como un tonel" - Vaya, creo que no me han interpretado bien mis amigos cafetulianos de esta tarde. Les dejo y mientras cerrábamos, un paisano y yo,  una especie de acuerdo vital, aburrido espacio de tiempo no malgastado, pero poco grato comparado con el siguiente, que no es otro que el del grupo en torno a mi.  Todos  se  arremolinan en  mi mesa, cuando han visto que hemos terminado la charla del acuerdo,  como adorando las virtudes de ese precioso iPad2 que les muestro y es entonces, justo entonces, cuando les convenzo de que las orondeces son bellas mostrándoles esta foto que ayer me regaló Rosy en el FB. Boquiabiertos se han quedado, XD, ¿eso que es?, me dice uno, mientras los demás me piden la dirección para que su hijo se la baje de la nube. 





Me adoran, lo sé, pasa que a veces hay que ayudarles un poco para ello.






HORROR ... ¡¡¡ ME HAS BORRADO del Facebook !!!

soledad y desamor

24 mayo 2017


- Me cuenta un amigo que dice que tiene una amiga en el Facebook que escribe una entrada cada veintisiete segundos y nunca, nunca, se ha metido en entradas de otros a decir, tan siquiera, ese mínimo, indiferente y escaso, MeGusta o, al menos, en ninguna de las que él crea. Pero un buen día, mi amigo, (muy amigo y muy profesional), que es todo un tecnócrata empedernido de la cosa virtual, instaló un programa/sensor en su muro del Facebook que daba de baja a los amigos que no le decían ni , ni MeGusta, ni a ninguna de sus entradas en un plazo de tres meses. 

- Resultó que el “sensor” detectó a mas de la mitad de sus amigos como no interactivos con él y el programa los dio de baja sin preguntar. Lo sorprendente y aquí viene lo bueno, es que esa amiga, pasada una semana más, le envió un agresivo y sorprendente mensaje a su buzón privado: “¿¿¿¿¿ME HAS BORRADO?????” 

– Hoy mi amigo tiene que soportar leer o pasar por encima, de unas 53 entradas en “Noticias” pues no se atrevió a decirle a su amiga que se buscara otra sábana.

- Yo le he dicho a mi amigo que si no es algo cruel con su amiga y él me ha respondido:

-“No, Enrique, estamos en lo de siempre, puro egoísmo. A la gente le encanta que les escuchen y cuando les dices, para probar si te escuchan, que tienes un cáncer terminal y que en tres meses te van a enterrar en la cajita, lo más probable es que te contesten, que a ella/él le ha salido un dolor en la cadera “pamorirse” y/o un orzuelo en el pene o en el ovario derecho según sea él o aquella que tú sabes la que te da la mañana” 

- Y yo, pensando que hay que escuchar, mas que hablar, (aunque me cueste hacerlo), observo, por muchos años que tenga, que todos los días aprendo algo nuevo y hoy, ahondando en mi, cada vez, mayor locura,  me ha tocado interesarme por como se toca la Mandolina y sus cuatro órdenes dobles. Toda una aventura ¿Alguien tiene puñetera idea de como se hace?

- Ah, yo tengo puesto en mi Facebook el mismo programa y ya me está pasando lo mismo que le pasó a mi amigo, y desde hace meses. Si alguno se ve afectado que no se enfade conmigo ... es culpa de la tecnología, que, como lo de los divorcios, es imparable.