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viernes, 21 de octubre de 2016

Gratitud


cafetera

21 octubre 2016                 2013


El destino tiene su qué, claro, y hoy me lo volví a encontrar y lo fue en ese momento en que necesitas que algo así suceda, como no, necesitas creer que en la parte oscura de la mente siempre haya algo por lo que puedas sentirte feliz de haber sido capaz de hacer algo incorriente.

Enrique, usted no se acordará de mi, siempre le saludo pero por la forma que veo me contesta, no me da la impresión de que me recuerde, si. Yo soy el padre de Manuel, aquél muchacho que usted colocó en las 188 viviendas del polígono San Blas, si, ese edificio al que llaman el Huevo Frito. Era el año 82, yo vine a verle, en una oficina de obra que usted tenía ahí, en la actual plaza que hay detrás de ese edificio, para pedirle que colocara a mi hijo que, entonces, tenía 19. El niño salía del submundo de la drogas y de esos centros de encarcelamiento juvenil de los que nada se aprende. Yo le pedí que lo colocara como única medida para que  le liberaran de la condicional, y usted, no sé como lo hizo, pero tras una charla de una hora y media con el chico, a solas, lo contrató para listero – Nunca se lo pude agradecer, eran otros tiempos. Si quiere, podemos tomar un café ahora y si no puede, se lo dejo pagado en el Bar de la esquina o podemos quedar otro día”.

Y tomé café como si nunca hubiera tomado otro. Ese hombre agradecido me ha mostrado algo que nunca pensé que fuera tan grande. Me ha mostrado algo que a veces olvidamos, la gratitud. Agradecido él, agradecido, yo.





enriquetarragófreixes



6 comentarios:

  1. Creo que ambos, padre e hijo, tuvieron la inmensa suerte de encontrarse con una persona como tú que les dio a ambos esa oportunidad y claro, su agradecimiento está más que justificado.

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    1. Bueno, Paco Paco, a veces las pruebas vienen solas. Me lo tomaré como un inmerecido halago. Gracias.

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  2. Hola Enrique, paso a saludarte que hace meses que estoy ausente de mi blog y de los que me gustan, como el tuyo.
    Un beso grande, espero que estés muy bien.

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    1. Cuanto tiempo, Eva. Un honor verte por aquí. También espero que estés muy bien, como siempre.

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  3. Que inmensa alegría la ayuda que usted les brindó. Además, queda poca gente que te agradezca, que sienta, que se acuerde de uno. Bien hecho. Las ayudas sin esperar nada a cambio al final tienen su recompensa. Un saludo y si me permite, escribe muy bien.

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    1. Gracias Keren, has conseguido subir mi autoestima hasta cien.
      Feliz día.

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