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miércoles, 15 de febrero de 2017

El amor, ese bien innegociable, maltratado, único y ... necesario


Rene Russo

15 febrero 2017

Mi Madre siempre decía que una persona que regala flores nunca podrá ser una mala persona y yo me lo aprendí ... y sigo haciéndolo.  Sant Jordi, Enamorados o cualquier excusa es buena para hacerlo.  

Me sorprendió ayer que en la tienda donde reina mi superflorista hubiera gran cantidad de hombres, ninguno joven o de menos de cuarenta - por cierto -  y eso me hizo sonreír ante ella, (ante la reina de la flora de los amores por un día). Todos pedían cualquier motivo floral y ella, (la reina), se desvivía ofreciendo mil soluciones que a todos gustaba y, curiosamente, sin importar precio, ni cantidad ... algo agradablemente insólito para mi. 

Ella, (la Reina de la Flora) - en un huequito de su frenética actividad  -  me dijo, con tono malicioso: "De que te ríes, Enrique ... acaso dudas del amor de estos hombres?" ... y yo, lejos de intentar ahondar en el asunto, le dije, tan solo: "Nada mejor, querida florista, que creer, yo soy de esos, de creer, aunque sólo sirva para eso, para creer" y ella, (la admirable, bella y muy sesentona florista), me replicó: "No seas incrédulo, amigo Enrique, hay hombres que aún saben apreciar ese sublime concepto cual es el del amor, el respeto y la praxis, que ello comporta". Yo, sin decírselo, me sentí halagado, algo aturdido por el sentir de esa bella y para mi muy joven florista, sí, tanto que me hizo creer que todo es posible, aún,  y que lo que yo ayer viví en esa preciosa tienda, no fue algo casual, ni deleznablemente rutinario aunque mi amigo Jesús, el político del partido azul muy del ayer, (que me acompañaba en en el escenario del luminoso altar), me dijera ... "Enrique, no hagas caso de esos gestos, son solo una manera que tienen los viejos de conseguir que sus amadas y queridas consortes, les den cuerda". 

En cualquier caso, pienso yo - un día después  - (fuere cual fuese el motivo),  que la escena vivida ayer, me encantó cual la viví y con todos sus ingredientes, incluso con las apostillas de mi conocido Jesús que, aunque severas de intención, a mi me parecieron de praxis amorosamente aceptable al grito de ... "todo por hacerla feliz por lo mucho que me ha dado".




Enviado desde S6+Edge


8 comentarios:

  1. sublime
    lo que escribes
    Temprano hoy levantada
    Te dejo jazmines

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    1. Y yo rosas, querida poetisa.
      Un abrazo mediterráneo, amiga Mucha.

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  2. Pues sí, Enrique. Las flores son preciosas, y que te hagan un detalle siempre es de agradecer,siempre que no sea para tapar otras cosas... ejem, ejem.
    Yo de todos modos, hace tiempo que prefiero las plantas, no me gusta que las flores mueran antes de tiempo.
    Besos.

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    1. Esa creencia está muy extendida, amiga Celia, pero cuando alguna vez, (de niño), se me escapó eso de "no las mates Papá",Él siempre me decía, solo quiero que su belleza la vea tu Madre y ya verás, las pondrá en agua y las hará vivir para hacernos felices con su presencia.
      En fin, yo soy de flores y de plantas... como debe ser. Jajaja
      Un abrazo, amiga, muy fuerte

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  3. Muy bien Enrique, tus vivencias con tu gente, pues yo creía que iba a menos el negocio de las flores, yo soy mas del beso, no nos olvidemos nunca del beso, las flores son muy bonitas pero no hay nada mejor que un beso, pìenso, aunque es posible que después de dárselo se quede esperando o preguntando, donde están las flores?
    SAlud

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    1. Besos, Toni, eso son amores y no ... buenas flores. Yo empecé de niño con eso de Sant jordi y la Rosa, la primera fue para mi Madre y yo creo que tendría unos cinco años ... (las pagaba mi Padre, claro). Siempre me ha gustado regalar flores querido amigo ... y besos, aún más.
      Un abrazo, amigo Toni.

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  4. Hola Enrique, llego a tu blog y me ha encantado lo que has escrito en el día de San Valentín y alguna entrada más que he leído así que, con tu permiso me quedo y te invito a pasar por mi blog si te apetece.

    Saludos.

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    1. Gracias Conchi, como no, siéntate donde quieras y pídete un café descafeinado de puchero que hace la Loli de maravilla, como los mismos ángeles.
      En cuanto me dejen salir de esta horrorosa máquina del dolor, me voy a verte, Conchi.

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