10 noviembre 2009:
Me encuentro esta mañana en la Oficina de la Playa a un buen excompañero de oficio que anda metido a sus 59 años, en la feliz vida de divorciado, intentando convencerme de ello a toda costa. No mas de un minuto y se ha derrumbado sobre mí. Su mujer lo abandonó hace una década pues se sentía más sola que él ahora. Él le dedicó la vida a "lo suyo" y se olvidó que tenía una familia.
Él se levanta por las mañanas y no hay quién le prepare el café ni la camisa que se ha de poner. Ni siquiera tiene a nadie que le llame los viernes para invitarle a pasar el fin de semana. De economía anda fatal pues no son tiempos para muchas "obras" y él es lo único que sabe hacer. No se habla con ninguna de sus tres hijas y tampoco lo hace con su ex, la cual lo odia a muerte, sin que él sepa por qué. Ella lo abandonó por otro colega, al parecer más complaciente, y mas rico, y con el cual aún sigue viviendo, y a plena satisfacción de todos y de todas, menos de él, al que no llaman ni para Navidad. Tiene cuatro nietos y solo conoce a uno y porque se lo encontró en el Carrefour hace dos años sin que su hija se parara a presentárselo.
No es normal Adolfo* - le he dicho yo -, no es normal que te odien tanto, algo les habrás hecho. Entonces él, tras un breve silencio inmenso, me dice:
Si, algo hice, algo hice mal, les abandoné por "otra", les abandoné por mi actividad profesional. Me tuve que marchar a Marruecos con los de las muñecas por un empleo muy bien pagado, que lo era para un año y que se alargó hasta tres. En esos tres años apenas contacté con ellas y además, me dejé querer por los oscuros vicios de la noche y me olvidé del calor de mi cama en Alicante. No sé cómo se enteraron pero lo hicieron, y desde entonces que no me hablan. Volví en el 99 y no me dejaron entrar en casa. Tenía las maletas con todas mis cosas, en el apartamento de la playa y allí vivo desde entonces. Ahora me acuesto solo, con la mirada en el techo y preguntándome si seré capaz de seguir así mucho tiempo.
A veces pienso que la estupidez humana no tiene límite.
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Adolfo*: Nombre inventado
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