viernes, 21 de enero de 2011

La Peña, treinta años después



21 enero 2011


Dicen que cuando pasas por un paraje o lugar donde has estado siempre, no te das cuenta que ha cambiado. Resulta que solo a mi se me ocurre ir a comer a donde llevo haciéndolo treinta años y lo hago con los que ya hace tiempo que no van. Estoy hablando de mi querido lugar de El Campello, hablo del Restaurante  La Peña de mis amores y ellos me lo recuerdan: “Esto ya no parece lo mismo”

No, no es lo mismo, me lo hacen ver, ya no hay gente, el arroz ya no es igual y el que lleva el local tenía dos años el día que se inauguró. Bien, todo eso está bien, es decir, es muy importante que a la hora de decidir donde sentar tus posaderas para degustar una buena comitulia con unos amigos, sea un lugar bien escogido y de calidad suficiente para honrar el momento y a tus comensales, pero a mi me da lo mismo, yo sigo viendo lo mismo que veía hace treinta años que fue la primera vez que comí allí. Veo a los camareros y al Jefe ofreciéndome uno de esos arroces raros que solo él sabía preparar y esas gambas hervidas que eran las mejor servidas y comidas del mundo, incluso por encima de la calidad que ofrecían las del Pegolí. Le hablo a las paredes, le hablo a esos grandes momentos allí vividos entre esas mesas y delante de aquellos raros artilugios marinos que ponían encima de ellas. Le hablo a esos instantes felices en la terraza frente al mar, donde celebraba mis cumpleaños en plenas Fiestas del Carmen. Le hablo a todo aquello que me permitió ser feliz y llegar hasta aquí, siéndolo aún más.

Pero el pasado cambia y la realidad inunda el “cada día de hoy”, me gusta recordar pero no puedo dejar de pensar en que perdurar es innovar y a lo mejor eso es lo que ven mis queridos comitulios de hoy, que no han sabido innovar aquello que se creó con tanto honor hace ya treinta años.  Pero, con todo, aunque solo lo sea para mí, La Peña seguirá siendo lo que era y a mi, digan lo que digan, me sigue pareciendo el mejor lugar del mundo para comer.

Al salir, la llegada de un barco a puerto envuelto en una nube de golondrinas me ha devuelto al mundo de las ilusiones. Después, nada mejor que un noble y relajante paseo por el Carrer del Mar de El Campello, algo inigualable.








2 comentarios:

  1. Buena final de una comitulia sin duda. Preciosa la foto, si señor!

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