14 julio 2011 - 14 julio 2016
Pasear a modo de terapia por la orilla de la playa es uno de esos placeres que no todo el mundo usa, bien porque no puede o por que no le gusta o, simplemente, porque no lo conoce. Pero, hacerlo, es de esas cosas que cuesta reconocer, te maravillas cuando lo descubres y al rato te acabas preguntando que como siendo tan sencillo y fácil de hacer sea un placer tan poco explotado. Andas y te vas cruzando con gente de todo tipo pero con un don especial, como si todos supiéramos que eso pudiera acabarse y lo llevamos en secreto, mirada en el infinito y metidos en el paisaje y en nuestros ilusionantes reflejos memoriales, a veces cruzamos alguna mirada de complicidad y, rara vez, alguna sonrisa, nada serio, todos somos poseedores de esa belleza que nos rodea y, seguramente, nos sentimos tan diferentes al resto del mundo con nuestro quehacer que hasta nos parece inútil explicárselo a los demás, cansados de que nos miren con cara de como aquél que está viendo a un bicho raro, cuando alguna vez lo intentamos hacer.
Mientras andaba, mi mp3 me transportaba al infinito con “Mi primer amor”………………..
Una vez leí que la belleza reside en los ojos del que contempla. Supongo que algo de verdad habrá en ello.
ResponderEliminarUna frase para guardar y recordar, argy.
ResponderEliminar