Parecía impensable hace menos de diez años, pero ahora es un milagro que el negocio constructor de a pie, se pueda mantener como tal. Las grandes se reparten el pastel desde tiempos de Franco, nada ha cambiado, pero las pequeñas viven del duro pelear por la adjudicación y el favor de cualquier mesa municipal de contratación y apurando, y con suerte, alguna de las que la Consellería de turno, de vez en cuando, adjudica a las empresas pequeñas por el que dirán.
Las PYMEs del ladrillo, junto a las otras de otros sectores, para bien o para mal, son el sustento de nuestra economía, pero ahora ni los ayuntamientos tienen dinero para pagar las obras, ni las Consellerías disponen de fondo alguno para acometerlas o para liquidar las que ya están hechas. Ese largo caminar de todas ellas, esas PYMEs que tanto han hecho por nuestra economía y por nuestros empleos, se van hacia el cementerio de las penas y del olvido. Más gente al paro y mas empresarios y empresas que ya no volverán al mundo de la actividad diaria. Pero ellos trapichearán, levantarán la moneda-color de sus beneficios y pastorearán por los despachos de todo quisque que tenga algo de poder lamiendo sus bondades, una vez han liquidado a todo su personal con el siempre favorecedor acto y pacto concursal. “Enrique, tendremos que volver a empezar”. Ese es el grito Elchero de los 50 y de los empresarios del ladrillo del Boom del 95/05. Todos ellos, como buenos alicantinos, emplearán todas sus artes en ello y mas pronto que tarde veremos a cada uno de ellos metidos en algún nuevo avatar aunque sea en el textil, vendiendo ranas de salón, compartiendo negocio con un chino importador de ropa china o como asesor de algún Presidente de Diputación, por ejemplo. Son incombustibles.
Pero, ay amigos, las PYMEs con su caída, arrastran a todos mis amigos. A unos los manda al paro, siendo empleados, y a otros, que son profesionales y/o proveedores, a la ruina porque cuando te toca caer en las redes de una actuación concursal no cobras ni un duro o muy poco, es decir, a los 7 mese de no estarte pagando, por ejemplo, te acaban diciendo un buen día que … “nada, chico, hemos hecho un Concurso de Acreedores por no tener mas remedio a ello, ahora te ofrecemos un pacto: Te pagaremos solo el 10% de lo que te debemos de otra manera iremos a la quiebra y no cobrarás nada”.
¿Justicia? – ¿Qué justicia?, me decía mi amigo, carpintero de los de toda la vida, esta mañana, inmerso en un llanto interno cuyo dolor era apreciable desde el alma de cualquiera que se acercase a él. “Diez años trabajando con ellos y ahora, mira con lo que me encuentro. A mi me mandan a la ruina pero él, (el amo de la PYME concursada), el seguirá con su yate, sus dos mercedes y su chalet en Denia” …
A veces me pregunto si esta sociedad la hemos hecho nosotros, yo no recuerdo que me preguntaran nunca nada, bueno si, claro, cuando voy a votar, pero entonces no me cuentan todo esto. ¿Por qué no lo hacen?

No me canso de decirlo,,,,,,,,,,,,"cuando no aprendimos las respuestas nos cambiarón las preguntas". No sabemos nadie donde estamos, no sabemos si lo blanco es blanco en un juicio de valor más. En fin mon amie, seguiremos siendo positivos. ¿Hasta cuando?. No se....
ResponderEliminarSiempre positivo, argy, pero hay que hacer como tú haces, obediente si, pero tonto no. Denunciar lo que ves es algo tan antiguo como la misma historia del mundo. No se avanza nada sin discutir y ordenar los acuerdos que siempre salen de una inteligente discusión. Por eso me molesta que este sistema sea tan poco participativo como lo son los Islandeses, Finlandeses o los mismos Belgas. Me encantaría que hubieran referendums y hasta creo que los habrá y por internet, ya verás, al tiempo, será la última gloria que viene de la mano de la sociedad digital.
ResponderEliminar