10 febrero 2012
Yo estaba como niño con zapatos nuevos mostrando y contando las fotos y las vivencias de mis nietos, pero Alez, un viejo empresario de la cerámica ladrillar alicantina, que había estado callado todo el tiempo, se levanta del taburete y haciendo el gesto de marcharse, y mientras apoyaba su mano en mi hombro, me susurra al oído: “No hay días malos, Enrique, solo aquellos en que no hay nada por hacer” – Mi cascada voz no me ha permitido replicarle a Alez, uno de mis viejos colegas cafetulianos de esta madrugada, solo he podido darle un gran abrazo.
Algunos creemos que no hay nada peor que sentirse en el grupo de los de los lunes al sol, pero no es cierto, hay mucha gente que sufre, con final parecido, por razones distintas y que, sin darnos cuenta, los ignoramos vehementemente, si, como si a nosotros nunca pudiera pasarnos una cosa así, ¿verdad?

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