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viernes, 24 de mayo de 2013

Hay vida, sí, la tengo al lado

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24 mayo 2013

Dicen que los sueños solo son sueños y por tanto sueños son. Por eso y porque duermo antes, durante y después del tortuoso sueño nocturno con un monoauricular que enchufado en la emisora radiofónica de turno se conecta a mi oído bueno de modo cariñoso y hasta romántico, se que puedo confundir la, a veces, la aburrida realidad con la ficción o la tortura que ellos, los sueños, proponen. Desde andar vagando por las Calles de mi Barceloneta natal, hasta aquellas tardes de domingo de los 60 en el Stereo de la Plaza Sanllehy, de mi querido barrio de Gracia, para pasar, misteriosamente, por un feliz final en brazos, debajo y enfrente de mis queridos enanos, muy murcianicos ellos.

Lo más importante, quizás, de esos despertares sudorosos, armónicos e incontenibles, es que acabo, siempre, tocándome la cara, resbalo los dedos por mi pecho sudoroso y acabo levantándome bruscamente en busca de vida y, Dios, la hay, la tengo al lado.





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