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viernes, 23 de agosto de 2013

Un cuento de los 60

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23 agosto 2013     2010

No sabía muy bien como decírselo, llevaba ya un par de semanas sentándome en el bar de Benito, en la esquina del Pasaje San Pablo, y ya me había decidido, la tomaba con normalidad y tras dos granos de café en boca bien masticados me planté ante ella y le dije: Mama, me he tomado una mediana* y no me he mareado. …………………….

Eso era en la Barcelona del 65 y mi madre tenía muchas cosas que hacer, tantas que me contestó: “Muy bien cariño y ¿en la Escuela que tal?” – No es que no me escuchara, me sabía muy cuerdo y eso, para mi edad, era malísimo. Nadie pensaba que yo pudiera fugarme con Carme, mi vecina del piso de abajo, que estaba mas buena que el pan, ni que un día llegara mas tarde de las nueve a casa para cenar o que perdiera la cartera de los caros libros que me compraba para mi deliciosa estancia en la Barcelonesa  Escuela Industrial. …………………….

Yo jugaba al fútbol, en plan competición, más o menos seria, (Atlético Guinardó, Damm, Espanyol, Barcino, …..), y mis vocaciones eran las de ser médico o cura de parroquia. Con un cuadro así, lo normal de la época es que hasta me llamaran maricón, pero no, no era el caso, a mi me tenían, mas bien, por un Manolito Gafotas, pero sin las gafas. ………….

Pero un día del verano del 66 todo eso cambió. “Enric, deja esa mierda de Peritos y vente a Aparejadores que allí hay unas tías espectaculares” – Así, con ese gancho, mi querido tete me llevó a Pedralbes a estudiar la cosa del ladrillo que luego resultó ser la cosa con que mas disfruté en mi versión profesional y que, de alguna manera me condenó a una vida sin horario ni cita posible en el calendario.  ………………………..

A partir de ese momento ya todo se complicó mucho y nunca cesó, mi padre me puso a trabajar para pagar los estudios, me metí a correr delante y detrás de los grises con cualquier excusa  de la “progresía” de la época y, además, …………………………………., vale, lo dejo, o mejor dicho, lo voy a dejar en aquella historia de cuando me voy a rezar una de Santa Elena con el descubrimiento de la Cruz en un derribo de una casa del mismo Centro del barrio judío, en la que yo llevo el mismo turiferario como cosa propia y mi prima Montse, que me empezaba a parecer que estaba  muy buena, el típico Palimpsesto, siempre tan necesario para cualquier relato que se precie.

*mediana: es como le llaman en mi tierra a un tercio de cerveza

 

 
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2 comentarios:

  1. Pues fíjate, que por lo que he leído de ti, estoy seguro que si no hubieras cambiado de carrera, igual te lo hubieras pasado muy bien. Pero eso nunca lo sabremos, tomaste aquella decisión acertada y fructífera y es lo que vale.

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    1. Así es, Alacantí, nunca lo sabré, pero mejor así, así estoy bien. Feliz sábado.

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