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domingo, 28 de septiembre de 2014

Mar y Carlos


28 septiembre 2014

Mar era esa chica alegre, feliz, gran conversadora y amante esposa. Eran una pareja excepcional, ejemplar y que se hacían querer como nadie. El grupo sin ella, sin ellos, no era lo mismo. Mar cuidaba de su Carlos,  de su empleo, de sus dos niñas y de todos los amigos que tenían algún problema que contarle. Era una mujer admirable, adoraba su profesión de filóloga ejerciendo en un Instituto cercano a su casa en el Cabo de Las Huertas y siempre hablaba maravillas de sus niños,  (sus alumnos), y de sus niñas a las que profesaba una dedicación extrema. Mar, a pesar de todo, siempre decía que sus mejores momentos del día eran los del café de la madrugada, antes de salir de casa, junto a su Carlos. Hace treinta años,  su Carlos, un joven y prometedor Ingeniero de Caminos, murió porque un camión asesino se salió de su carril y chocó frontalmente con el coche de él en esa peligrosísima y corta carretera que une las dos autopistas de Madrid al Levante español en La Font de la Figuera. La Niebla, la desdicha, el destino y/o hasta la sinrazón,  acabaron con una vida en común que,  en algún momento,  hace creer que no hay Dios alguno que regule nuestras vivencias.

Hoy, en la cola de la tienda de las frutas y verduras de mis amores en la Playa, me encontré a Lucía,  una de las hijas de Mar. Le pregunté por su madre y ella, como siempre, me dijo lo mismo de siempre que se lo pregunto: "Enrique,  ya sabes qué,  mi madre, vuestra Mar, sigue haciendo café para él todas las mañanas,  justo a las siete, no lo puede olvidar y nosotras, como siempre,  nunca se lo hemos recriminado"

Algunas veces creo que la estupidez humana, de cuya existencia tanto predico, tiene alguna esperanza de solución.


Enviado de Samsung Mobile Note III




10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Cierto, mimarzgz. Es de esas historias que, al parecer, se quedan en el baúl del olvido, siempre, y sin que se haga poca o ninguna publicidad de ellas. Solo es noticia el desamor, la infidelidad, el trapicheo, la connivencia, el cotilleo ... De ahí mi cita a la estupidez humana.

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    2. Completamente de acuerdo contigo, Enrique, de cabo a rabo. Y ciertamente que me has conmovido: parece la historia de mis padres.
      Mi padre murió de un accidente de tráfico cuando yo era un adolescente y mi madre una bella mujer que apenas pasaba de los 40. Bien, jamás tuvo otra relación con nadie y, todavía hoy, pone el retrato de mi padre sobre la mesa cuando cena. Además, siempre nos dice que sólo desea estar de nuevo con él.
      También fue el ejemplo de mis abuelos, los cuales vivían con nosotros en la casa familiar: se amaron hasta el final, se amaron absolutamente ajenos a las estupideces feministas que hoy campan por sus respetos.
      Y así mi esposa y yo. 24 años de matrimonio y tres de novios; conociéndola cuando todavía era una niña de 17 años. Y la amo con locura.
      Pero la estupidez de la que hablas ha echado raíces en estos tiempos tan "modernos", al punto que cantar a ese amor de toda la vida se ha convertido en una actitud "ñoña" y siempre sospechosa. Y si esa estupidez de la que hablas se ha elevado a rango de "modernez", es en la blogosfera donde he encontrado, con los años, los reductos más incombustibles de esa visión del mundo: aquí lo guay, lo que atrae y lo que se aplaude; lo que se comparte y lo que "mola" es, y te copio..."el desamor, la infidelidad, el trapicheo, la connivencia, el cotilleo". Por lo tanto, también hago mío el final de tu comentario: "De ahí mi cita a la estupidez humana".

      Un honor haber dado con tu blog (y de manera muy azarosa, ciertamente)

      Un abrazo

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    3. Tienes razón, Valaf, como no. Llevas mi camino, empezamos con 17 y llevamos 48 juntos. La que aquí llamo Mar, es todo un ejemplo para nosotros. Ah, por cierto, me he pasado por tu Blog y me he enganchado. Saludos y, ya sabes, encantado de verte por aquí con tanta fuerza. Tu comentario lo he pasado a mi cuadro de honor para publicar en esos pesados resúmenes que hago sobre las perlas de mis "seguidos".

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  2. ¡Qué maravilla! me has conmovido.
    Si esa Mar existe, dale un beso de mi parte.

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    1. Mar, existe, Tracy, con otro nombre muy parecido. Hace mucho tiempo que no la veo, no se deja ver mucho, pero se lo diré cuando la vea. Una mujer admirable y, ah, aunque ya no es lo mismo, sigue sonriendo a todo aquél que trate con ella.

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  3. puede que tengamos solucion los seres humanos , lo que a veces dudo es si algun dia lo vere. Un abrazo enorme, maestro

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    1. Gracias, David y, ah, seguro que lo verás y muy cerca, siempre sucede. Por cierto, el maestro eres tú, yo aún estoy empezando y tu ya eres un veterano e ilustre escritor.

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  4. Triste a la par que enternecedor.............sólo podias escribirlo tu asi. Que pena, como todas las penas que junto a las alegrias, tal que alamares, adornan la taleguilla que llevamos todos colgada.

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    1. Gracias amigo argy, ya sabes, los sentimientos se escapan cuando menos te lo esperas. Mar, la que aquí llamo Mar, en la realidad es todo un ejemplo a seguir, nuestro Norte.

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