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martes, 21 de octubre de 2014

Hacerse viejo ... y un millón de años

Imagen: Fred Boissonnas

21 octubre 2014
 
Notas que los ojos se van hundiendo, que las cejas crecen de modo salvaje, en la oreja te crecen unos horribles pelos kilométricos y que los párpados empiezan a caer sobre el ojo. Te tocas la cara y la piel es áspera, notas que te cuelga la papada y en el cuello te salen unas preciosas arrugas por lo que comprendes que te guste apuntarte a la moda de los pañuelos enrollados en el cuello. Tienes manchas en las manos igual que las tenía Él,  usas bastón y has aprendido a subir las escaleras de uno en uno. Sabes esperar a que el semáforo se ponga en verde para arrancar y no compites con tu vecino de carril vial para adelantar, tan solo, unos segundos. Te da tristeza ver a los y las, amantes de la infelicidad corporal como se aplican botux en la cara y en el calendario. Los y las,  chicos y chicas del retoque  estético en el quirófano,  te dan cierta lástima pues parecen todas, especialmente,  familia de la Casa de Alba. Sonríes, cínicamente,  cuando te reencuentras con tus gafas que ayer dejaste encima de la lavadora cuando creías haberlas perdido. Te da mucha rabia y una gran alegría,  a la vez, por acordarte de Él, al ver como no puedes tirarte al suelo cuando la más pequeña de tus enanas te pide marcha infantil. Se te ponen los ojitos de cristal mojado cuando se te ocurre abrir el viejo álbum de fotografías que, por cierto, debías,  ya, haber escaneado para la inútil posteridad ante tus sucesores pues no estarás para explicarles el dónde y el quién de cada imagen. Empieza a preocuparte bien poco que te cedan el paso cuarentonas de muy buen ver ante cualquier puerta o acceso a lugar alguno y te molesta el ruido infernal. "Ya no estás en el mercado, Enrique", me dicen muchos.  Otros más estúpidamente clarividentes me dicen: "Te estás haciendo viejo, Enrique", y yo tras una corta y educada, reflexión suelo decirles,  (ahora) ... "¿Y qué?  conociéndolo,  no me lo perdería por nada en el mundo”. Ser viejo es una suerte que no todos alcanzan a conocer. Yo quiero ser viejo ... durante un millón de años. 

Enviado de Samsung Mobile Note III
 
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6 comentarios:

  1. Simplemente: ME ENCANTA esta entrada. O no tan simplemente...
    ¡Qué bonito ver la vejez y la vida a través de tus ojos?
    Un abrazo

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    1. Gracias, María José. La veo como es o como debiera ser. Quizás sea que yo siempre he sido un feliz optimista y un inconformista recalcitrante ante la adversidad. Un honor verte por aquí, admirada poetisa.

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  2. Una descripción perfecta, Enrique.
    Yo también quiero ser vieja n millón de años.

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    1. Bien, Tracy, muy bien pero tenemos que ver de mejorar esa cifra.
      Feliz martes y feliz té, que ya es tu hora.

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