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jueves, 27 de noviembre de 2014

Las calles del amor

27 noviembre 2014

Ver a Sebastián es preguntarle: "¿Cómo te va, bien o como siempre? Él es un hombre afable  y hasta un gran bailarín.  Fue uno de los grandes emprendedores de los 60 y creó una pequeña gran empresa de mobiliario de jardín por la que todos hemos pasado alguna vez. Verlo, no hará tantos años, en el mundo menos golfo de la noche, bailando con las más guapas del lugar era lo habitual. Su pelo tinte negro azabache y sus movimientos rítmicos le hacían ser el rey de cualquier fiesta nocturna noble. Hoy me lo he encontrado en el Centro de Salud, su pelo era blanco marfil y su aspecto le hacía justicia a sus 92 bien llevados. "Tengo depresión nosequé, Enrique.  He dado mil tarjetas a amigos y conocidos y ya nadie me llama" - ¿Y tus hijos, tu familia? - "Ay, Enrique, no me pueden ni ver. Para mi se cerraron las calles del amor". 

Ignoro cual será la razón por la que Sebastián se ve así,  sin nadie que consuele su soledad. Alguna razón habrá,  seguro, pero sin poderlo evitar, cuando pienso en lo que me estaba contando, me da vértigo. La soledad, como condena, es el peor de los males. 


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