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miércoles, 31 de agosto de 2016

No hay más sordo que el que no quiere oír



Fotografía de Steve Hodges


31 agosto 2016

El director de los servicios de mi urbanización está triste, mañana empieza las vacaciones y deja la conserjería; mi vecina más carismática, bella y muy anciana, con su dulce acento valenciano me dice que está muy contenta porque hoy se van todos los "vacassioneros"; nuestro "Jefe de Prensa y rey del quiosco más bello del mundo de mi entorno, está triste y contento a la vez porque se le acaba el agobio veraniego y porque ahora vienen los meses de vacas flacas para su negocio; la Loli está contentísima porque su nuevo amor, muy casado él, volverá a su horario de invierno y podrá escaparse con regularidad de su mujer, su trabajo y sus amigos,  para irse al Meliá, en esas melancólicas y sensuales tardes de ardor amoroso que ambos pasan juntos los martes y jueves del resto del año; Manuel, ese chico de bella estampa, que por culpa de su bella Ducati y una bionda de la autopista, se quedó sentado en una silla de ruedas a los treinta y dos, nos dice que a él le da lo mismo el invierno que el verano, que sólo entiende de libros sobre como recuperar una vida pérdida y de sus largas sesiones de fisioterapia.   Pero entre todas esas cosas sencillas que todos, seguramente, vivimos cada día sin que nos demos cuenta, surge la voz de Akim - ese armenio bendito al que le ruge el alma apenas dejas caer el nombre se su patria - que  nos dice, entre unas muy mal disimuladas lágrimas: "Vivís en un mundo tan diferente y tan cómodo, que no sois capaces de vivir la vida como se merece. Vosotros no sabéis lo que es no tener vida, no sabéis lo que es sufrir por no disponer de las más elementales condiciones de vida, vosotros sois ... sí,  vosotros en el fondo sois unos vulgares e irresponsables vividores que no sabéis apreciar nada de lo que tenéis".

Lo peor del mal sueño madrugador sucedió cuando el sincero Akim dejó de hablar y mientras se marchaba sin poder contener su emoción, entonces - entre los murmullos de los compañeros de mesa del café de madrugada de hoy - se alzó una voz en nombre de todos ellos que dijo: "¿Y éste de que coño habla? ... seguro que está enfermo y no nos lo dice". Leonor, mi veterana amiga y confidente bidireccional, se me acercó y me dijo al oído: "Enrique, no hay más sordo que el que no quiere oír ¿Verdad?"




Enviado desde S6+Edge





enriquetarragófreixes



8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Y DIOS EN LA DE TODOS, AMIGA TRACY. Nadie entiende a nadie

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  2. Qué fuerte, pero tiene razón el armenio, nos quejamos sin derecho.
    Besos, Enrique.

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    1. Nuestra realidad es tan distinta, amiga Celia, que es imposible que nos podamos entender mientras haya tanta desigualdad en el mundo y mucho más cuando ese mundo está a un mar y a 50.000 muertos de diferencia.
      Feliz miércoles.

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  3. No me queda mas que estar de acuerdo con tus reflexivas reflexiones amigo ENrique, un abrazo
    y ya seguiremos con el post vacacional

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    1. Gracias, amigo toni, son las reflexiones que salen de las plumas caídas en mil batallas, amigo.
      Seguiremos y yo encantado.
      Un abrazo fuerte

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  4. Me encantan tus escritos y tu dulzura

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