16 diciembre 2020
-Hoy, sin darme cuenta, ni esperándolo, como casi siempre, estaba siendo un día especial.
-Me preguntaba por qué y no he sabido explicármelo, pero el día tenía intención de explicármelo y no con palabras.
-Me asomé a la ventana y le hablé al viento buscando alguna explicación. Nada supo decirme. Bueno, hubo un síntoma que no he sabido clasificar: Estornudé a lo bestia un par de veces, tanto que provoqué un encuentro no amistoso entre mi nariz y el canto de la hoja de la ventana. Nada grave, solo cuatro gotas de sangre y una manga del pijama para reciclar.
-Cerré rápida y bruscamente la ventana y me enganché el dedo pequeño. Al instante llamó la vecina preguntando… “Su marido está bien, le he oído gritar desde el dormitorio y pensé que se había descoyuntado”. Estoy bien – le dije desde el pasillo – solo tendrán que darme dos puntos en el dedo y una prueba PCR en la nariz – me expliqué, sonriendo amargamente por no llamar a todos los Santos del Cielo por su nombre.
-Me fui al aseo, la nuez prostática estaba apretando. Separé los pies del “ino” casi dos palmos y puse una mano sobre los azulejos y la otra en su sitio para organizar el rumbo y distancia del producto a proyectar. Todo bien, pero al darle al botón de descarga corta ¡Zas! salió el botón por los aires y la descarga de agua quedó enganchada sin poderla parar. Así dos horas hasta que vino el fontanero.
-Finalmente decido bajarme al sótano para arrancar el coche y así que no se me quede muerto para siempre. Llego al garaje y el coche no está. Me ha subido una angustia terrible desde la uña del gordo del pie hasta la cana más alta de mi casto pelo, pensando en el follón que me esperaba. Llama al vigilante, al portero, a la Policía, al seguro, explicar a todo el mundo cuando lo dejé y si era verano o invierno, por ejemplo, y todo eso además del cachondeo propio del que le habla a un viejo que parece tocado por muy cuerdo que esté. ¿Seguro abuelo que lo dejó en este Parking? En esa plaza hace tiempo que no veo a ningún coche aparcado – me dice el Vigilante de día mientras se iba a preguntarle al portero si había visto el coche salir algún día o noche. De pronto ¡Horror! miro al fondo y no veo, aún y a lo lejos, la puerta automática del garaje … XD, estaba en el sótano 2 y no en el 1. Salí pitando, llamé al portero contándole el despiste y no quise escuchar respuesta alguna, por si acaso. Seguramente se lo habrán pasado bomba cachondeándose de mi un buen rato. Seguro que salgo en El Mundo Today.
-Bueno, ya dije que era el final pero ha habido más que dejaré, no obstante, para otro rato. Hoy, con todo, está siendo un gran día, sí, estoy vivo, tengo ganas de bromear y, además, soy feliz ¿Hay más?

En definitiva eso es lo que vale, lo que tú has dicho en tus últimos renglones.
ResponderEliminarBesos
Ya sabes, lo bueno siempre al final y en este caso, al parecer, al final de la vida.
EliminarFeli jueveo, Tracy
Siempre hay días en los que deseamos no habernos levantado!!!días en los que nos pasa definitivamente "de todo", pero finalmente pensamos lo que de manera excelente sintetizas al final de este relato... que mas se puede pedir? Que tu noche sea estupenda querido Enrique y mañana a recordar donde dejamos el auto jajajaja
ResponderEliminarJajajajajaja. Ya lo encontré, estaba en el sótano 1. Ahora bien, la guasa que hay por la urbanización ni te la cuento.
EliminarFeliz noche