lunes, 14 de febrero de 2011

Gracias Abdel


14 febrero 2011


Me han dado caña, esta mañana, en el cafetero lugar ocasional de hoy. “Enamoradoo, que tonteríaa, eso son cosaa de loo centroo comercialee”, la bronca ha sido descomunal, sin agresiones, claro, pero nadie me ha invitado a nada, me han castigado por “panoli”.

En el rincón del local, el más cercano a la fachada trasera, la que da a la plaza, estaba Abdel, un marroquí de esos que parece un ángel caído del cielo. Mi amigo Abdel estudió arquitectura en París y acabó en la Barcelona de los 90 haciendo de todo en las obras, desde poner ladrillos hasta de jefe de obra cuando llegó el boom del 95. Luego con la crisis se fue a Murcia y ahora vive como puede haciendo reformas como autónomo y trabajando para uno de los mil pequeños empresarios que se dedican a esas cosas por aquí.

Abdel está triste porque ya no tiene a nadie a quien amar. Su mujer murió en Barcelona en el 99 y él, a sus 49, dice que nunca querrá a nadie más como la quiso a ella. Laurie era su mujer, se casaron en París cuando ambos eran muy jóvenes, siendo condenado su matrimonio por las familias de ambos, las cuales nunca entendieron que esa cosa que algunos aún llaman amor, no entiende de religiones, ni de razas. Ella murió tal día como hoy tras un accidente de tráfico y una mala gestión quirúrgica de emergencia de la que no supo sobrevivir. Yo no conocía a Abdel, hoy nos hemos hecho muy amigos. Me he acercado a él porque estaba abriendo unos planos muy aparatosos en la mesa del rincón ... Abdel, hoy, celebrará que sigue queriendo a esa mujer que un día le dio toda la vida que le hacía falta, lo hará en soledad y yo, cuando abrace a mi niña del alma, pensaré mucho en él. Gracias Abdel por tu entereza y por mostrarme tu sentir.




2 comentarios:

  1. Cuestiones como está nos hacen entender mejor lo afortunado que somos. Dios quiera que no nos sintamos nunca como Abdel.

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  2. Así es, argy. Y sabes que me gusta lanzar este tipo de mensajes aprovechando cualquier historia que me parezca que se puede extraer la consecuencia que persigo. No es tu caso, según se ve y no escondes, pero muchas veces, no sabemos apreciar lo que tenemos y casi siempre eso que tenemos está tan cerca que no lo sabemos ver. A mi me sigue apeteciendo mucho y cada vez más, conocer a muchos que, como Abdel, siempre lo han valorado-

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