martes, 9 de agosto de 2011

Verano, qué horror

Hasta la bandera

09 agosto 2011


La señora, una bella anciana, estaba muy arrepapá en su silla, yo ya me iba, eran casi las doce y media y esas ya no son horas de sol, pero la señora, al pasar por delante de ella, me pide que le recoloque la sombrilla pues ella apenas se puede mover. 

Mientras estoy en mi labor la observo y me doy cuenta que toda ella es una preciosa estampa salida de la misma película de “tomates verdes fritos” o parecido. Pamela y ropa de gasas color pastel, cara, piernas y brazos de un blanco inmaculado y desde esa imagen se pronuncia un verbo dominante a la vez que romántico. Una estampa perdida en el tiempo  en una playa abarrotada de gente, tanta que hasta a mi primera y apastelada dama de hoy, le han puesto sombrillas delante de su silla, dentro del agua, sin dejarle mover los pies, los niños pasan corriendo entre las sillas y las toallas tendidas como verdaderos saltimbanquis levantando un arenal sobre los pacientes y sufridos veraneantes del mes de agosto y sobre la ropa y piernas de mi dama. 

Gracias, señor, me dice la reina de mi mañana de hoy con cara de estar muy angustiada. Como me quedo admirándola y sin poder evitarlo le pregunto: Está Usted bien, señora - “Yo si, señor, gracias, dentro de una hora vendrá mi hija a buscarme. Se ha ido a andar con su novio y me deja aquí para que disfrute de la vista y … - Bien, pues buenos días y feliz verano, le digo, pero mi dama me coge del brazo y me dice arrimándose a mi; “Verano, qué verano, qué horror, yo estoy acostumbrada a las de Santander, ay mi Playa de Mataleñas, ahí si que se está bien, sin gente, sin ruidos. Desde que enviudé en el 92, mi hija me trae aquí todos lo agostos de cada año y yo, lo hago por ella, pero prefiero estar allí, en mi Santander, en mi Paseo, en mi Sardinero, el verano aquí es un horror”. Con otro gracias y un disculpe, me ha despedido y yo, saltando entre toallas, sillas y otras cosas de sufrir me voy a mis misas pensando en ella y en ese mundo que ya casi ni conocemos, ni nos acordamos de como fue aunque, seguramente, y visto desde el paseo, salvada la muchedumbre, veo que puede que fuera el mismo y yo no sepa o no quiera, verlo.


2 comentarios:

  1. En fin, cada uno tenemos lo que nos toca.....la señora si que sabe.

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  2. Yo creo, argy, y eso he querido decir en mi bloguería, que con el tiempo y la costumbre ya nada nos parece bueno cuando siempre es lo mismo. Yo, con 12 años, tenía que soportar tres horas y media de caravana en la autopista de Mataró para ir a la Playa de Vilasar, y no recuerdo que mi padre se alterara por ello. No obstante, nuestra memoria es selectiva y tiende a idealizar cualquier tiempo pasado y eso fue lo que me pasó con la encantadora dama de la pamela. Tiempos felices en el visor de la imaginación, solo eso, amigo.
    Gracias amigo por andar, siempre, detrás de esta pantalla.

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