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lunes, 25 de febrero de 2013

Reciclar: ¿Para qué?

 

Imagen pineada

25 febrero 2013   25 febrero 2009

En el café de esta madrugada, siempre que el cielo se hiela sucede lo mismo, todos nos acordamos de eso que algunos llaman el cambio climático para renegar de él o para pasar el rato charlando animadamente al son del Anís del Mono: “¿Enrique, ya estamos con esa chorrada de siempre?” – Pero el caso es que nos preocupa el cambio climático, aunque , ciertamente, pensemos que eso es cosa de otros o que eso es un asunto lejano y sobre el que, además, nada puedes hacer para impedirlo. ¿Verdad?

Insisto en ello, que estúpidos son los que tienen la responsabilidad de hacérnoslo saber, todo el tiempo están haciéndonos sentir culpables de todos los problemas ecológicos del mundo, cuando nosotros nada podemos hacer. Eso comporta una macrogestión que no es trasladable a la gente de la calle ¿Verdad?

Pues eso pensará el vecino del edificio de enfrente, al que me encuentro todas las mañanas, tan mono y tan bien vestido él, con su bufandita con nudo al cuello, con su BMW 330D azul, con sus niños sentaditos en sus sillitas progre-olé en el asiento de atrás, cigarro en mano, coche parado, puerta abierta, motor en marcha y “aparcado” en el centro del único carril posible de nuestra calle, delante de la abundante cantidad de varios contenedores de todo color, (verde, amarillo, gris, azul), y repetidos, como para enterarse, vamos, pues mi querido y admirado vecino, en la otra mano, lleva una enorme bolsa de basura, única bolsa, y con una arrogancia y virilidad propia de un campeón del básquet, machaca con un pié el levantador de uno de los contenedores grises, el de la basura de siempre, de una fuerte patada y con la mano machaca también la bolsa en el interior del mismo con gran habilidad y enorme estruendo de botellas y otros duros al caer al fondo.  

Ah, eso sí, los tres puntos se le adjudican cuando muestra una actitud muy refinada, también, al lanzar un “bonito” escupitajo verbal cuando a algún “vehiculero” se le ocurra protestar, vía bocinazo, por utilizar el mundo como si fuera solo suyo. Ni recicla, ni reciclarán sus niños, claro.

Ese es mi vecino preferido, mi “LÍDER”, “un ejemplo a seguir”, mi padre moderno, superocupadísimo y auto-preferente, enterrando todos los días, con un par, la basura en su sitio, en el de los energúmenos del “yo primero”, TODO UN CAMPEÓN.

Menos mal que como mi vecino no hay muchos, ¿verdad? ¿O sí?

 

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4 comentarios:

  1. No se que decirte amigo mio...........aunque ya sabes que esto de la basura atrae a mucha gente, en especial a algún politico de nuestro terruño, que seguro, tampoco recicla, salvo los billetes de 500 en tiendas de lujo.

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    1. Educación y Justicia, amigo Antonio, creo que esa es la forma de resolver estos asuntos.

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  2. Eso me gustaría a mi: tener en mi casa un contenedor de billetes de 500 €. No hay que ser avariciosos: o uno de 10, que cada vecino los echara ahí :)

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    1. Los billetes no se reciclan, Alacanti, solo sirven para pasarlo lo mejor posible y, dicen, que da mucha felicidad hacerlo

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