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lunes, 8 de julio de 2013

Cuando te cae un pilar quizás te caiga todo

Diapositiva9


08 julio 2013 – 2010

Esperando que llegara la hora de que nos atendiera el médico de familia, un buen hombre estaba a mi lado con la mirada puesta en ningún sitio y al rato noté que por sus mejillas se deslizaban unas delatadoras lágrimas a las que el hombre, angustiado, se limpió con gran rapidez mientras me miraba con discreción intentando evitar ser visto. Pasaron algunos minutos y el hombre seguía escondiendo sus lágrimas. Me acerqué a él, despacio y sin ruido, y me senté frente a él.  Acabé entablando conversación empezando con los clásicos topicazos de “qué calor hace”, “¿a qué hora tiene usted cita?” y cosas así.  Sin que me lo preguntara le conté cosas sobre las dichosas enfermedades que acaban enganchándose a tu forma de vida a partir de cierta edad y aquello que siempre suelto sobre que debiéramos vivir con el calendario de nuestra vida en sentido contrario al de la muerte, es decir, en dirección al principio en lugar de hacia el final … el hombre acabó contándome que se había quedado viudo hacía un mes y que su vida ya no tenía sentido. Se acordaba de ella desde que se levantaba hasta que se acostaba. No quería estar en casa, no quería tomar café con nadie, ni que nadie le reprochara lo mucho que bebía y comía como siempre hacia ella con él. No podía vivir sin aquellos reproches por lo que fumaba, y fumó, ni sin todos esos sonoros ronquidos que ella aportaba a su sueño. Me contó que se casó un día como el de la fecha, un 8 de julio de 1960 y que nunca había querido a nadie más …

Así estuvimos mas de veinte minutos hasta que una voz le llamó desde la consulta. Yo me sentí mejor que nunca, corrí a casa y mientras subía en el ascensor me emocioné, por un momento mi cabeza se fue a otro mundo. Abrí la puerta, le di un gran abrazo y seguí con mis cosas – ¿Pasa algo cariño?, me dijo ………….., No, solo que hacía ya mucho tiempo que no te veía – Se echó a reír y eso, yo seguí con mis misas, tan feliz.





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