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lunes, 18 de noviembre de 2013

La mano de Él

18 noviembre 2013

Las largas noches de los domingos tienen eso que no tienen otras plácidas noches de amor, noches de pensamientos impuros y otras en las que luchas por recordar hasta alguna letanía del ayer. Las noches de los domingos son esas que yo siempre, como un ladrón, me acercaba a su despacho y le observaba y robaba, como un rito celestial, cada uno de sus movimientos.  Ahora, hago yo lo mismo, sí, es terrible abrir el primer cajón de la mesa del despacho y buscar, sin encontrarlos, aquellos papeles que nunca has escrito sin que sepas muy bien por que no los escribiste, ni por qué ahora no los encuentras. Vas al viejo álbum de viejas fotos que te dejaron como herencia aquellos que siempre adoraste y descubres que no hay fotos donde quisieras que las hubiera y que nunca las hubo. Abres el libro de cuentas y no hay números que revisar, ni entiendes por que no están. Finalmente y con un extraño y dulce, temor, ves como acercas tu mano izquierda a la luz de la vieja lámpara de la mesa del despacho y crees que esa mano no es la tuya, tiene arrugas, piel seca y manchas, muchas pequeñas manchas, tantas que te das cuenta que, como tantas otras cosas,  la tuya, tu mano, se ha convertido en la de Él. … No sé, quizás será como deba ser, pero lo que sé es que me gusta creerlo.







enriquetarragófreixes




4 comentarios:

  1. No queda otra que ir acostumbrarse a la compañía de esas manchas, esas arrugas y todo lo que le acompaña,,,,,,,,,,,,,no se si se llama resignación o aprender a vivir, lo cierto es que no lo tengo claro! Los recuerdos en su medida justa son siempre un buen tónico para ir sobrellevando el asunto.Un abrazo

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  2. Amigo Enrique; Por el momento en tu cajón, hay mucho y bien escrito, también buenas fotografías. :)) Un fuerte abrazo.

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    1. Vaya, Teo, qué fallo, mejor dicho: Algó falló y no vi tu comentario. Lo siento, ya sabes que es un honor verte por aquí.
      Un abrazo-e.

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