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sábado, 9 de agosto de 2014

El mundo no se acabará hoy … o eso parece

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Playa San Juan-Alicante-Spain-En una hora muy temprana

09 agosto 2014  (Summer)

Parecía un día triste aunque lucía el sol como si quisiera meterse dentro de mi alma. Me senté en mi banco de siempre, después de andar, deambular, más bien, durante unos minutos. Los veteranos amigos de la petanca se habían venido hasta casi el muro de la playa, lejos del agua y parecían unos grillos saltarines cuando por alguna razón se les desprendía la zapatilla y pisaban sobre la arena incendiada. Algunos desconocidos, (como me pasa siempre), me saludan y yo respondo, sin saber quienes son … “Hasta luego, Enrique, ¿Qué tal Maribel?”-“Bien, bien, como siempre, mejor que mañana”. 

Más allá del ruido, debo levantarme de mi banco favorito para ver si el horizonte sigue ahí y lo hago intentando encontrar algún hueco entre el personal y las sombrillas y noto, al alzar la cabeza, que ponerse moreno debe ser un verdadero sacrificio. Bajando por el camino de tablas de madera encadenadas hasta la primera línea de playa, asusta ver a esos cuerpos rebosantes de salud, color y redondeces sin prenda alguna, (solo una), que lucen las inevitables Summer Girls cuando andan jugando a la pelotita de ping-pong en el lugar más transitado de la arena playera. Todos me dicen, socarronamente: “Ponte un sombreo, Enrique, como el del Amador Mohedano y verás que pronto caen las moscas sobre ti”. 

Las gracias, en una tórrida mañana de Agosto, siempre son menos aunque el termómetro de ese local de moda nocturna,  que de día pasa desapercibido, solo marque 29º. Al rato, el gran alegrón del día. Una de las amigas del grupo, Matilde, aparece para contarnos que ha superado su cáncer. Ha venido a vernos, seca como un palo pero con una sonrisa de oreja a oreja y una pamela turbadora que apenas deja ver los rasgos de su huesuda faz. “Estoy viva, chicos” y todos han acudido a abrazar a Matilde como si hubiera nacido ese mismo día y como si todos estuvieran intentado aferrarse a esa vida que hoy ella reparte. 

Pedro tiene que salir corriendo porque un chaval le está robando las bolas de la petanca y a Leonor casi le pilla una de las mil bicicletas que andan entre el personal por el paseo. “Gamberro”, exclama Leonor, “Váyase a la mierda, vieja, no ve que vengo pitando. Cómprese una sordina, conyo”, le dice el caballerete que debería tener unos 40, al menos. Al final, todos juntos, nos fundimos en un abrazo virtual, en medio de un paisaje de cañas de birras con vasos helados, aceitunitas rellenas y dos de saladitos, en un festejo tan sencillo como fiel, que nos hace creer que el mundo puede acabarse algún día, seguro, pero, desde luego, no esperamos que sea hoy.


 
Las Cosas de Enrique #etarrago 
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2 comentarios:

  1. Que relato entrañable, fresco, lleno de luz, como la imagen que lo acompaña. Gracias por compartirlo, recibe un abrazo en ese calorcito pero me uno también al virtual. :))

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    1. Gracias SUsana, gracias poetisa. Un honor verte por aquí.

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