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miércoles, 6 de agosto de 2014

Gris, una vida gris.

 
06 agosto 2014

Nos saludamos con el "holaquetal" de siempre y tras un  clásico maldecir de la educación de los jóvenes y la bochornosa sinvergonzonería de los políticos,  pasamos a preguntar por lo personal. Esta vez, como siempre,  empecé yo: "¿Qué tal te va tu nueva vida de jubilado, Luis?" - Se cruzó de brazos, lanzó un suspiro al cielo y me dijo:
"Nada nuevo Enrique,  ya sabes, yo siempre he sido el de la vida gris, sí,  el que casó con su novia de siempre, el que se hizo aparejador con un cinco pero sin perder curso, el que se ganó una oposición a los 21 y ahí estuvo, en su Ayuntamiento,  durante 49 años,  el que tuvo 5 hijos y nunca se lo contó a nadie, el que ahora tiene 13 nietos y solo se lo cuenta a quien se lo pregunta, el que sigue cogiendo de la mano a su mujer cuando pasean por la Playa de San Juan y el que a sus 70 recién cumplidos ... sigue siendo feliz, Enrique, ya sabes solo eso, una vida gris"
 
Me emocionó oír a Luis contar lo que a mi me pareció un lamento o, seguramente,  una manifestación de siniestra incomprensión al ver lo que la sociedad, estúpidamente,  premia a sus laureados de hoy, sí, a esos nuevos iconos/becerros sagrados de la cultura de lo absurdidez actual. No creí que fuera a contarlo, ya que ello pudiera ser calificado de un gesto inmensamente cursi por mis amigos de la sala de Rehabilitación, pero lo haré. Tras unos segundos de silencio, cuando Luis terminó su especial lamento,  y sin mediar palabra, le di un largo y sincero abrazo al que noté profundamente agradecido por su correspondencia. Él, Luis, me dijo: Joder, Enrique, a ver si nos vamos a poner a llorar como unos chiquillos … y rompimos a reír.

Enviado de Note III


 
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