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martes, 10 de marzo de 2015

Llorar por una parte de vida que se va

Cohonesto  vive … eso es lo importante

10 marzo 2015

"No se me ve llorar, Enrique,  pero lo hago por dentro. Se han casado mis dos hijas a la vez, gemelas, 43 años y toda mi vida se ha ido con ellas. Se van a vivir a Valencia,  y yo no sé qué haré.  Me dicen que me busque una casa cerca de ellas pero yo no puedo dejar mi casa, mis recuerdos, mi Playa, mis lugares de siempre, además, si me voy cerca les molestaré" ... - pues, vaya, Vicenta, no sé si darte la enhorabuena o no ... - eso me decía  y le decía yo a Vicenta hace dos meses.

Vicenta es una de esas calladas tenderas de esos viejos supermercados del siglo pasado y que antes llamábamos la tienda de la esquina, donde encontrábamos un poco de todo y que ahora se llama todo a cien o parecido. Ella es una más de esas "héroes" de nuestra era que dieron todo por su hombre, por la familia y por la "estabilidad matrimonial a toda costa". Ahora no tiene nada pero lo tiene todo. Ella dice tener lo que quiso tener y que su soledad es ley de vida. Se siente, a sus 68, una mujer mayor, "una dona com cal", (una mujer como debe ser), viuda, sola, sin hijos, y con un negocio en extinción que nadie va a heredar. Lleva ocho meses sola y gracias a una ventana virtual que le enseñé a manejar ha conocido a un grupo de jóvenes veteranas, amantes del tango en vivo, (su malograda pasión juvenil), y ya acude a sus "encuentros" en una especie de escuela del tango, que ha reconducido y reconvertido su decadente vida en otra plena de ilusiones y de ella una experta captadora de nuevas experiencias.  "Gracias, Enrique, por hacerme saber como encender de nuevo la llama de la vida" - me ha dicho hoy ... y yo ... tan feliz, tan útil  ... y tan vivo viendo vivir a  quien parecía haber perdido la ilusión por hacerlo ... por vivir.

Otrosí: La imagen corresponde a mi viejo y vegetal amigo Cohonesto, una vez el Ayuntamiento Local ha obligado a los propietarios de la finca donde residen sus raíces, a que le cortaran dos de sus grandes ramas pues inundaban el espacio público. Todo ello con la excusa aparente de que podían romperse y caerse, sobre cualquier viandante o vehículo. Mi llamamiento de hoy, pareciéndose a los problemas de Vicenta ... sin querer ... ha hecho que me acordará de él,  de Cohonesto. Un sincero y material abrazo ... amigo. 


Enviado desde mi Note 4

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