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lunes, 19 de octubre de 2015

Charlito y su Mari ... amor tardío



Pintura de Fabián Pérez 

19 octubre 2015

Charlito en uno de eso enormes artistas que dibuja, pinta y esculpe como nadie, solo que ahora nadie lo sabe. Vendió su casa y ahora vive en una caravana que aparca en la Playa. Su error y su debacle artística, social y económica, fue olvidarse de que ella existía.  Ella lo dejó un mal día de Reyes de hace ya diez años por sentirse ignorada, ninguneada y nulamente valorada por él. Nunca más la ha  vuelto a ver. Sin hijos, sin casa y sin dinero, vive de hacer caricaturas en Ferias, en parques públicos y en los bares donde frecuenta y deja ver su frustración. Hoy le he visto, hoy no contaba chistes, ni hacia dibujos. Sentado en la barra del Ateneo, tenia ante sí una triste botella de Veterano junto a un triste y rebosante chupito que parecía abandonado a la suerte de cualquier puta en busca de consuelo. Tenia lágrimas en los ojos y cara de no haber dormido en tres días.  A Charlito le contaron ayer que su Mari había muerto en una Residencia para ancianos del Pais Vasco. Murió de una larga enfermedad y sus últimas palabras fueron para él: "Decidle a Charlito que siempre le quise". Ella se lo contó al hijo de un compañero de Residencia que prometió llevarle el mensaje a su querido Charlie. El portador del mensaje llevaba una nota manuscrita de ella con un lacónico contenido: "Charlie, mi pecado fue quererte y mi castigo seguirte queriendo siempre". La respuesta de Charlito fue ... "Es curioso, nunca supe hasta hoy, que la quise ... y la quiero, tanto". 

Lo más emocionante del gesto de hoy de ese pobre hombre sucedió cuando tras contarme toda la historia, la suya y la de su Mari, me miró y tras unos segundos de duda, se acercó y se abrazó a mi cómo si quisiera aferrarse a una vida que ya no existía para él y que, con ello, me hizo sentir todo su dolor, envueltos ambos en un silencioso lloro implorando castigo o final.

Mientras escribía esta apología al amor incomprendido, uno de mis más "fieles seguidores" me ha dicho a pie de barra: "Enrique, siento que te gusta contar estas historias" ... es cierto, aunque demasiadas veces lo hago para confirmar lo estúpido que se puede ser o que somos, cuando se trata de valorar los verdaderos y más cercanos sentimientos, especialmente sobre esos que fluyen de eso tan sorprendente que algunos aún llamamos amor verdadero. 



Enviado desde Note 4


 
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