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miércoles, 16 de diciembre de 2015

La Soledad del viudo ... y la, a veces, olvidada gratitud genética

Fotografía de Arthur Tress 

16 diciembre 2015

Pere, (Pedro el catalán), es una de esos tantos y olvidados viudos que se da cuenta de lo mucho que quiere o debía querer, a su mujer el mismo día que enviudó. A sus setenta y nueve vive solo, pues su hija dice que bastante tiene con su marido, sus dos hijas - que están en esa  peligrosa edad que ofrece la pubertad - y con cumplir con su horario de apoderada en una conocida entidad bancaria. "Papá, yo no puedo estar por ti, tienes que aprender a vivir solo" - le dice su querida niña. Pero Pere le pone interés a la vida que le queda y se esfuerza en contarle como está a todo aquel se cruza con él por la calle y le saluda con el rutinario y protocolario "holaquetalcomoestás". Pere se ha convertido - para aquellos que tienen la suerte contraria a él - en un "palizas". Pero ahora Pere está peor que nunca ... ahora empieza a mostrar preocupantes síntomas de demencia senil. No recuerda las citas, a veces cree que tiene que volver pronto a casa porque su mujer "seguro que habrá hecho arroz" y hasta cree que tiene que seguir entrenando  porque puede que le echen del equipo de Mestalla donde triunfó y aunque efímeramente, es donde tuvo allí sus tardes de gloria, alguna vez. Benet, uno de los mejores amigos de toda la vida de Pere, y una persona adorable por casi todo lo que dice y especialmente por lo que hace, se ha propuesto que, al salir de su jornada de voluntariado a favor de la AECC en el Hospital de su zona, le dedica parte de su tiempo a acompañar a Pere y sacarlo de sus largas horas de soledad olvidada por los suyos y hasta, incluso, por él …
 
No seguiré, no puedo, ni, seguramente, hará falta hacerlo, solo terminaré diciendo que: admirable, el uno, e inhumano y excesivamente cruel, el olvidado sufrir del otro.
 

Ser un ilustre veterano de la vida es, algunas veces, la más cruel realidad del olvido de quien son lo que son gracias a aquél o aquellos, que lo dieron todo para que lo fueran. 



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6 comentarios:

  1. A veces somos hijos desagradecidos, a veces solo somos hijos que se dejan arrastrar por este mundo que gira tan deprisa que ni mirar a los nuestros nos deja... El resultado es el mismo siempre, el eslabón más débil acaba rompiéndose.
    Que triste historia.

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    1. No sé si es muy frecuente, querida EmeM, pero es la que más oigo. Cierto, una triste y poco aleccionadora historia que nos traen estos tiempos más modernos ... o eso creo.
      Feliz tarde ... aunque sea la que es... con nosotros mismos.

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  2. A veces somos hijos desagradecidos, a veces solo somos hijos que se dejan arrastrar por este mundo que gira tan deprisa que ni mirar a los nuestros nos deja... El resultado es el mismo siempre, el eslabón más débil acaba rompiéndose.
    Que triste historia.

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    1. No sé si es muy frecuente, querida EmeM, pero es la que más oigo. Cierto, una triste y poco aleccionadora historia que nos traen estos tiempos más modernos ... o eso creo.
      Feliz tarde ... aunque sea la que es... con nosotros mismos.

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  3. Hola. este tipo de realidades cada vez son más frecuentes. Me parece inhumano que la hija no saque tiempo para dedicárselo a su padre que está solo y enfermo. En otra época sería impensable este tipo de comportamientos porque los hijos respetaban a los padres y se volcaban en preocuparse por ellos y más cuando uno de ellos se quedaba viudo. Seguimos en contacto

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    1. has dicho bien, Marta, en otra época esto no pasaría

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