a:hover { text-decoration: underline;

lunes, 10 de julio de 2017

Encontrar el soporte de toda una vida


Fotografía de Trude Fleischmann ( 1895 - 1990 )

10 julio 2017


- Esperando que llegara la hora de que nos atendiera el médico de familia, un buen hombre estaba a mi lado con la mirada puesta en ningún sitio y al rato noté que por sus mejillas se deslizaban unas delatadoras lágrimas a las que el hombre, angustiado, se limpió con gran rapidez mientras me miraba con discreción intentando evitar ser visto. 

- Pasaron algunos minutos y el hombre seguía escondiendo sus lágrimas. Me acerqué a él, despacio y sin ruido, y me senté frente a él.  

- Acabé entablando conversación empezando con los clásicos topicazos de “qué calor hace”, “¿a qué hora tiene usted cita?” y cosas así.  

- Sin que me lo preguntara le conté cosas sobre las dichosas enfermedades que acaban enganchándose a tu forma de vida a partir de cierta edad y aquello que siempre suelto sobre que debiéramos vivir con el calendario de nuestra vida en sentido contrario al de la muerte, es decir, en dirección al principio en lugar de hacia el final. 

- El hombre acabó contándome que se había quedado viudo hacía un mes y que su vida ya no tenía apenas sentido. Se acordaba de ella desde que se levantaba hasta que se acostaba. No quería estar en casa, no quería tomar café con nadie, ni que nadie le reprochara lo mucho que bebía y comía como siempre hacia ella. No podía vivir sin aquellos reproches por lo que fumaba, y fumó, ni sin todos esos sonoros ronquidos que ella aportaba a su sueño. Me contó que se casó un día como el de la fecha, un 10 de julio de 1967 y que nunca había querido a nadie más.

- Así estuvimos mas de veinte minutos hasta que una voz le llamó desde la consulta. Yo me sentí mejor que nunca, corrí a casa y mientras subía en el ascensor me emocioné, por un momento mi cabeza se fue a otro mundo. 

- Abrí la puerta, le di un gran abrazo y seguí con mis cosas - ¿Pasa algo cariño?, me dijo - No, solo que hacía ya mucho tiempo que no te veía – se echó a reír y, sí, quise restarle importancia a algo que me resultaba grande, muy grande ... y yo seguí con mis misas, tan feliz.




6 comentarios:

  1. Y si amigo ENrique, que verdad es que no sabemos apreciar en su medida lo que tenemos hasta que lo perdemos porque somos así de gilipollas?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tremendamente gilipollas amigo Toni ... mucho.
      Un abrazo de martes

      Eliminar
  2. Cuando pierdes a un ser querido próximo parece derrumbarse el mundo, pero creo que todo lo que se nos cae y más de repente, nos hace más fuertes. No es una frase hecha, pero es así y es necesario hacer como hacemos por estos lares, compartirlo, no tragárnoslo solos y por supuesto tener fe y confianza en nosotros. Tus palabras intrascendentes fueron su mejor alivio, pero no siempre por desgracia tenemos a un desconocido "Enrique" al lado... Feliz semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre lo hay, amiga Paz, yo casi siempre hablo con uno y si no lo hay ... lo pinto.
      Un abrazo muy fuerte

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. Me lo tomaré como lo que creo que es amiga Tracy, como un halago.
      Gracias amiga viajera

      Eliminar