martes, 30 de enero de 2018

Esa necesaria actitud ante la vida


30 enero 2018
– Ella estaba ahí, sentada en uno de esos bancos de piedra que mi imaginación aún recuerda y que aún perduran en ese Paseo de Gracia de mis bellos recuerdos.
– Él pasaba siempre por ahí, a la misma hora y en el mismo lugar donde un día la vio por primera vez.
– Ella tenía puesta la mirada en un punto lejano, como esperando la aparición de un ser divino que bajara del mismo cielo.
– Él intentaba, inútilmente, llamar su atención pasando delante de ella con paso muy lento, y haciendo ver que observaba las bellas farolas que iluminaban el bello cuerpo de Ella y su lánguida mirada.
– Ella un buen día, no pudiendo evitar observarle, pues Él se estaba dirigiendo a Ella con una muy poco disimulada mirada, mientras con un lápiz y tablero de dibujo de croquis en mano, hacia como que estaba “dibujándola”, le dijo a Él, en tono gracioso y hasta burlón: ¿No me estarás haciendo un dibujo tomándome a mi de modelo?
– Él se puso erguido y rojo como un pimiento morrón y con voz titubeante, se atrevió a contestarle: No, bueno, sí, quiero decir que estoy haciendo un trabajo de dibujo de tercero que consta en croquizar cualquier parte de la arquitectura urbana de la ciudad y yo he escogido este banco que me parece precioso.
– Ella se puso a reír y le dijo: ¿Y no había otro banco que éste cuando todos son iguales?
– Él, con cara que pasó del rojo pimentón al rojo fuego, le dijo, mirándola a lo ojos mientras se sentaba a su lado: No, no son iguales, en este estás tú y lo he hecho porque te llevo viendo aquí todos los jueves por la tarde y a la misma hora … y me gusta mirarte, verte, pareces triste pero … eres guapísima.
– Ella, también, enrojeció y se mostraba algo desconcertada pero se atrevió a contestarle: Verás, estoy aquí porque espero a una amiga que vive en esta calle con la cual comparto amistad y algunas vivencias muy dichosas pero nunca llega a su hora, es imprevisible, incluso a veces no viene. Yo la espero hasta las ocho y si no viene me voy a casa, pero antes me tomo un café en esa cafetería de ahí pues ella sabe que esa es mi última parada.
– Ella, mientras Él no sé podía creer que Ella siguiera hablando con Él, le apostilló: Por cierto, sí me había fijado en ti, las mujeres somos muy listas en eso de observar sin ser descubiertas, y me preguntaba: ¿Qué raro es este chico tan bien peinado que anda por aquí como observando a los pájaros si los hubiera o buscando mi mirada como si me conociera.
– Él, absolutamente desbordado por la actitud de su bella del banco de piedra preciosa, estuvo unos larguísimos dos segundos sin contestar, pero sin dejar de adorar con su mirada la linda, brillante y receptiva expresión de los ojos de Ella, y le dijo: ¿Te atreverías a compartir un café conmigo en esa bella cafetería mientras hablamos y esperamos a tu amiga?
– Ella le contestó con un sonriente y seductor Sí que Él nunca olvidó.
– Seis años más tarde, Ella y Él, en la Cripta Gaudí de la Colonia Güell, sellaron con un Sí una unión para la eternidad de vida juntos que hoy, cincuenta y dos años después de aquel feliz encuentro en ese adorable banco de piedra preciosa donde se conocieron, siguen juntos recordando aquellos bellos y felices momentos de su vida.
Daremos gracias a la vida … ella nos da siempre mucho más de lo que le damos o sabemos o queremos, darle.
 
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6 comentarios:

  1. Que bonito y sentido este post ENrique, y cuando está sucediendo la escena es pura adrenalina que nos hace recordar a cada uno nuestros momentos de gloria
    Un abrazo

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    1. Esa es la intención querido amigo Toni.
      Un abrazo y bona nit

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  2. Pues eso merece una enhorabuena de lo más calurosa y cariñosa.
    Besos a ambos dos.
    ¡FELICIDADES!

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    1. Gracias amiga Tracy, esa felicidad ya no nos la quitará nadie.
      Un abrazo

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  3. Oh, qué tierno y romántico. Y encima con final feliz, que es el que siempre esperábamos antes al ver una película. Precisamente así decíamos ante algo que acaba bien, "final de película". No siempre ocurre, desde luego, pero de todas maneras merece la pena vivir una ilusión, un amor. Es un sentimiento inigualable. Cómo olvidar el primer amor quinceañero, ese chico al que mirabas y con el que quizás nunca llegarías a hablar... los amores platónicos que te hacían fabular...los amores reales con tu pareja...los de madurez... Pobre de aquel que nunca se haya enamorado incluso, sin haber sido correspondido.
    Un saludo y felices sueños.

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    1. Gracias Tia Conchi, como le acabo de decir a Tracy, eso ya no nos lo quitará nadie, nunca.
      Un abrazo fuerte

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