viernes, 18 de mayo de 2018

Desnudos, amigos, compañeros: Eurico & Enrique

18 mayo 2018
– Me lo encontré sin poder evitarlo, venía de frente hacia mi en pleno Paseo de la Playa, se acercaba a mi vida y no podía hacerme invisible o el distraído, era inevitable, perversamente cruel para mi, ahí estaba Eurico, sonriendo a lo lejos mientras se acercaba hacia mi.
– En escasos segundos hice un breve aunque extenso repaso del personaje que salió de mis propias entrañas intentando que fueran eternos esos escasos segundos que me quedaban para reencontrarme con Eurico.
– “Él, Eurico, era mi vecino y el menor de tres hermanos. Fran su hermano, cinco años mayor que él, era el primate de la saga vecina y ojito lindo de sus admirables “papases”. Leticia, su admirada hermana era tres años mayor que él, que Eurico, y fue – y aún hoy sigue siéndolo – su principal y única valedora.
– Papá quiso que Fran fuera lo que era su Jefe, un Perito Industrial que aún y un mediocre técnico, era jefe por su titulación mientras que Papá llevaba todo el peso del trabajo.
– Fran sacó el título de Perito Industrial que su Papá quiso pero Fran chuleaba el deseo de su adorable Papá, iba a trabajar en taxi, utilizaba colonia lucky strike como agua de baño, fumaba Chesterfield sin filtro y juergueaba todo lo que podía en el esnobismo del Tuset Street de la época, todo a costa de permanecer en la sana ideología de futuro que su adorable Papá pensaba para él.
– Leticia seguía apoyando a Eurico en su larga aunque ignorada peregrinación por las preferencias de los “Papases” y hasta le daba consejos y le pedía opiniones, en las cuestiones de su incipiente pubertad: “Esta chica no te conviene o dime como me queda este vestido”.
– Eurico, que como su hermano Fran, fue empujado por expreso deseo de los “Papases” y ante el más que seguro interés de su hermano Fran, de no mantenerse en los aburridos deseos de futuro profesional que para él diseñó su Papá, Eurico – decía – se le lanzó a estudiar eso de ser Perito Industrial.
– Pero una vez Eurico se metió en el inútil empeño del Papá el cual fue martirizado por la Guerra que arruinó la Spain de los treinta, por la propia necesidad de la postguerra y por su innegable esfuerzo por hacer de sus hijos los mejores profesionales del mundo, ahí salió su hermano Fran que, en su evidente cambio revolucionario dentro del espíritu más “progre” de la época de los 60, se metió a estudiar arquitectura en la Bella Pedralbes y por ello aconsejó a Eurico que dejara al margen la voluntad del admirable Papá y se metiera en Aparejadores donde, además de ser una carrera de éxito seguro, allí había unas “niñas estupendas” donde entablar unas magníficas conversaciones de futuro.
– Eurico, accedió al deseo de su hermano Fran y con el apoyo de su hermana Leticia, se metió en Aparejadores, donde encontró grandes dificultades y una enorme satisfacción estudiantil, social, personal y hasta emocional. Eurico allí voló como un ángel, conoció un mundo nuevo, se movió como pez en el agua y a los veinte recién cumplidos terminó siendo Aparejador, un tipo promocionable y gran amante de las libertades de todo tipo y que hoy tanto se reclaman desde cualquier generación nacida mas allá de los setenta, sin saber lo que es, ni lo que representa.
– Por el medio quedó que Fran fue a menos con negocios imposibles y una Leticia que tuvo que enfrentarse a los “Papases” para que Eurico pudiera seguir estudiando dado un único y cruel suspenso ante el que Eurico nunca entendió el porqué.
– Eurico vive hoy feliz, jubilado tras una carrera profesional de éxito, ama a sus dos hermanos aunque mantenga con ellos una lejana relación que resuelve con dos llamadas de teléfono al año … pero Eurico solo recuerda lo bueno … y es feliz con lo que tiene y con lo que recuerda de sus hermanos aunque él, (Eurico), nunca fue profeta ni en su casa, ni en su otra casa. Pero Eurico vive agradeciéndole a la vida que fuera ella capaz de reconocerle lo que todos le negaron siempre, reconocer su éxito y su felicidad que estuvo siempre vigente en todas las etapas de su vida”.
– Volviendo al presente, Eurico llegó ante mi, me abrazó, estuvimos así unos largos, larguísimos, segundos, quizás minutos, quizás lloramos, quizás susurramos lamentos inaudibles en los perjudicados oídos de ambos, quizás volvimos a abrazarnos, quizás fue un inolvidable, tenso y bello momento.
– Luego, lo que pasó luego ya no tiene importancia … nos fundimos en una conversación interminable con mi otro yo, lloramos, reímos, nos desnudamos … y, simplemente, aunque nunca nos vimos, fuimos felices contándonos todo lo que nunca nos atrevimos a contarnos con tanta desnudez … y con tanta nostalgia. Ahora yo soy Eurico y él es Enrique.

Publicado simultáneamente en: 
https://enriquetarragofreixes.wordpress.com/2018/05/18/eurico-enrique-desnudos-no-s-si-heridos-pero-siempre-felices/

4 comentarios:

  1. Hola Enrique! Con el fin de tu relato de hoy me has dejado un poco confusa y no se que pensar.

    Un abrazo de espíritu sin Nombre.

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    1. Ay, Espiritu din nombre, no te preocpes, yo también estaba confuso cuando lo escribí, ahora ... ahora mucho más.
      Un abrazo fuerte, Conchi

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  2. Muy bueno Enrique, ¿o debería decir Eurico? Te has desnudado frente a tu otro yo, y has caminado con palabras frente a todos nosotros que te leemos.
    No me animo a hacer eso. Aunque tampoco me animo a las playas nudistas... pero creo que eso es otra cosa, otro tipo de desnudez.
    ¡Hasta Borges se encontró varias veces con Borges! (No recuerdo si usaba otros nombres)
    Abrazo grande!

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    1. Gracias Frodo, pero la verdad es que pasé frío, sí, Eurico y yo, somos casi lo mismo, depende del calendario y del clima interno ... y externo.
      Un abrazo, amigo-e

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