viernes, 19 de julio de 2019

Me preguntaba esta madrugada, (qué estupidez), si mi último día sería así


19 julio 2019
– Me preguntaba esta madrugada, qué estupidez, si mi último día sería así, es decir, lleno de vida, de luz, de gente simpática, de viejos arrepentidos, de amor …¡Qué estupidez! ¿Verdad?
– Al rato, mientras pululaba por los caminos del pecado venial, ceremonial y aparente, una joven y bella sesentona se acerca hasta mí con cara cariñosa y hasta seductora, a la vez que mis plumas empezaban a hincharse a lo galán que se la van a hacer, y de pronto la linda y simpática joven me dice: “Perdone, voy con cuidado para no hacerle caer, va usted por el medio, la acera es estrecha y si le tiro el bastón …” – Se me escapó una suave sonrisa como buen actor que soy … por no ponerme a llorar, claro.
– Sigamos … me dije, Enrique, no te dejes acojonar, la gente te ve con buenos ojos pero coño, ya tienes setenta más cuatro días y eso se nota, sí, no te ven como un viejo, no, sólo te tienen respeto por tus canas y tu cuerpo “elegante y erguido” … todo un tipo.
– Sigamos … si no me lo digo yo, reviento, disculpadme.
– Más abajo, ya en la Plaza de España, (Plaza de Toros según la voz popular), un anciano de mi edad, pero con cara de anciano, no como yo que cada día me veo mejor, especialmente cuando ya he decidido no verme cada día en el espejo del baño hasta que me he operado de todo, y me dice: “¿Tú no serás el famoso Constructor y Promotor de viviendas que en los años 80 y 90 era el amo de las Asociaciones de Empresarios y de la Prensa del corazón del ladrillo en la Comunidad Valenciana?” – Bueno, me quedé atónito y me contuve para no darle un beso en los morros al anciano que ya me lo parecía menos, hasta que tras un largo ratito de charla, el ya viejo y asqueroso anciano va y me dice, el muy viejuco, “Me alegro mucho de haberte encontrado Pedro, y ah, tu mujer, la búlgara, un encanto, dale recuerdos y dile que me acuerdo mucho de ella y de su bar allá en la curva de Orihuela.” – Me contuve para no darle dos hostias simbólicas pero sí fui capaz de decirle: “Pedro, no, soy Enrique, y mi mujer es de Barcelona de toda la vida” – El tipo, muy contrariado, me dijo … “Disculpa, creí que …”
– De vuelta al Parking de la zona que se pinta de azul, frente al edificio de Los Representantes, y resuelto eso de andar mis dos horas aún y cogiéndome por las paredes, zas, me vino la suerte del día. No os lo vais a creer, me encontré al Cura de la Playa y a sus dos inseparables colegas, Arturo y Pepe que venían del mercado,  y al verlos me emocioné tanto que los abracé uno a uno y de modo profundo, incluso lloré, babeé y como no los soltaba me dice el Párroco de mis amores: “Enrique  ¿Estás bien?” … y de ahí nació un renovado día, dos cafés, pincho de tortilla, un rojo de Sicilia, y una charla como Dios manda, por fin, sí, hoy es mi día pensé, sí, hay que pasarlo mal, primero, para agradecer el resto de lo que te quede por vivir, como al principio de este cuento pero con respuesta: “¡¡¡Si es éste el último día de tu vida, olé tus huevos, Enrique, que así sean todos los últimos días de tu vida!!!”

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