viernes, 24 de julio de 2009

Eso de "La fe mueve montañas" y mi primer gol. David le pudo a Goliat.



24 julio 2009:

Ayer les dediqué una canción de amor, hoy este cuento real, que vive en mi memoria más que cualquier cosa que me pasara ayer. Hoy, este cuento va por ustedes dos. Nos vemos el lunes, todo saldrá bien, como mi gol. Ya veréis.

Mes de julio del 63, yo todavía era “infantil” si, si, siendo “infantil”, me citaron para presentarme en el campo de La España Industrial barcelonesa, para jugar con los juveniles

Estaba a punto de comenzar la segunda parte del partido contra un equipo de la zona, cuyo nombre no recuerdo, pero parecían todos criados en el País de los Gigantes de Gulliver. Yo era el mejor central de cierre del equipo de fútbol infantil del Guinardó-DAMM, medía casi lo mismo que ahora, tuve una infancia feliz y muy “de misa” y eso daba altura, lo contrario que le pasaba a Javier que se la “pelaba” por las esquinas a cada miramiento, y eso era malísimo para todo. 
Eso, lo que se le pondría la mano roja y le saldrían bichos por la minga, "a mas a mas" de no crecer, es lo que decía el cura de la Parroquia del Espíritu Santo, allá en la Travesera de Gracia; Javier irás al infierno y además nunca crecerás, deja ya de meneártela hombre de Dios. A todo esto que Miguel, que era el “coach”, y que entendía un huevo de fútbol y de señoras, se levanta del banco de madera portátil en el que estaba desparramado y le preguntó al que hacía las veces de masajista: Cuantos podemos cambiar en la segunda parte; cuatro le contestó el galeno amateur.
De golpe, y sin mirarme, oigo que dice Miguel; Enrique calienta que vas a salir de 9, pídele la camiseta a Lucas y te vas a toda leche hacia el campo. 
El campo no tenía gradas, pero a mí me parecía el mismo Sarriá. Hostias, llevaba la camiseta con el mismo número que Distéfano o Indio y yo tenía mi día grande a la vista. El partido tenía un marcador como el inicial, 0-0.
Yo estaba cagadito. Me animaba a mi mismo acordándome de mi Agustín, ojalá hubiese estado allí. Verás Papá de lo que soy capaz. Corría el minuto dos, el central contrario medía unos cuatro metros de alto y tendría unos doscientos años, (exagero, pero al menos dieciocho, si los tenía), yo con mis catorce y mi fuerza, de entonces, le grito a mi central, AQUIIIÍ, levantando el brazo y empezando a correr, todo a la vez, me la pusieron, me refiero a la pelota, donde solo las ponía Beckenbauer o el mismo Suárez, la paré con el pecho, la eché hacia adelante y a correr. Corrí los casi cincuenta metros que me faltaban para llegar al portero contrario a toda leche, con torpeza pero con fuerza, David contra Goliat, me parecieron los "400 km" más largos de mi vida, llegué desmayado ante el portero y ya casi cuando me pillaba el de los 4 metros de altura, sobre el mismo punto de penalti tuve que chutar con la pierna mala, la izquierda, la pifié, pero el balón salió con un efecto extrañísimo que dejó al portero clavado mientras se colaba junto al palo derecho de la portería. ... Gooooool, gooool, goool, gol, había metido un gol cuando nadie lo esperaba, era mi primer gol como juvenil, creí que no sería capaz de hacerlo y lo hice.
El tal Miguel salió del banquillo para abrazarme y me dijo: Ves chaval, cuando se tiene fe, se consigue todo. David también le pudo a Goliat, esa fue mi enseñanaza ese día. 

Luego perdimos 1-6, pero mi gesta nunca nadie podrá quitármela. Recordarla, me ha servido mucho, siempre.

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