Me levanto en cama extraña. Golpe en la esquina de la cama contra esa, ya, preocupante espinilla y cabezazo contra la modernísima tv de la pared. Estás en otro mundo, Enrique, eso he pensado, pero, desgraciadamente, nada mas lejos de la realidad, solo era eso, un simple cambio de cama, de temperatura y de costumbres, nada más.
Entre las cosas esas que te obligan a contar esos ángeles que se encargan de captar y analizar las estadísticas, cambios y sintomatología de los que tenemos esas queridas y olvidadas, enfermedades raras, hoy he apuntado una muy cachonda y cáustica, que es de lo que me acusan, siempre, con una sonrisa venenosa en faz, los queridos galenos de La Fe. Hace años, siempre que iba a cualquier médico, al apretarme los tobillos, (al que le tocara hacérmelo), me preguntaba: ¿Duele? y mi respuesta siempre era NOOOOO. Pensaba que estaban buscando algo conocido y que tendría que ver con mi stress o con la circulación sanguínea, pero luego, hace unos años, cuando empecé a decir que SÍ, me duele, el médico de turno se encogía de hombros ante mi pregunta; ¿Tengo algo? – Conyo, toda la vida teniendo miedo a eso, a que me dolieran los tobillos y luego nada de nada. Pues bien, ya se que es una tontería eso que he dicho, sí, o quizás no tanto, no lo sé, pero volviendo a coger el hilo de la música, decía que hoy he apuntado algo nuevo en mi libreta de síntomas nuevos y ahí va, por si le sirve a otro en mi estado, (sic);
“He aprendido, por fin, para lo que sirven esos bancos que se ponen al pie de las camas de grandes habitaciones o la dichosa y estorbosa Mariantonieta que siempre se coloca en esos lugares imposibles de los dormitorios, si, ya se para lo que sirven. Yo, toda la vida, me he quitado los pantalones estando de pié y/o apoyándome en alguna pared, ahora NO, ahora tengo que sentarme, en otro caso me voy al suelo como si se tratara de unas piscina.”
Feliz lunes, yo, como aquél que dice ah o eh, lo estoy empezando ahora.
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Aaaaah! cuanto tiempo sin oir lo de la mariantonietaaaa!!! antes cuando había tiendas de muebles normales, de esas de barrio (y hasta las céntricas o las grandotas de San Vicente), se anunciaban en la radio y todas vendían "dormitorios de soltera, zapateros, telefoneras y mariantonietas" jajaja. Saludooos.
ResponderEliminarME ALEGRA QUE ESTA BLOGUERÍA TE HAYA TRAÍDO BUENOS RECUERDOS, AMIGO ekk.
EliminarSaludos mi optimista y sabio e-amigo....
ResponderEliminarEso no debe morir nunca, amigo argy: Viva el optimismo serio y sensato.
Eliminarun abrazo
Ya me contrás el truco, por más bancos yo nunca consigo que dejen de utilizar la cama como sillón :(
ResponderEliminar¡Me encanta el gif! :)
Lo cierto es que, y no se lo digas a nadie, yo, sin darme cuenta, acabo sentándome en la cama, Candela.
EliminarMe encanta que te guste el gif, es que me siento muy identificado, ya sabes.
Un abrazo, amiga.
¡Miedica, que eres un miedica...! Que eso es sólo cosa del tiempo... ¡del tiempo que hace desde que dejamos los abdominales! Bueno de ese tiempo también,,, pero poco, muy poco.
ResponderEliminar¿Abdominales? ¿y eso qué é lo qué é, amigo, Campillo? - Bromas a parte, si, es cierto, soy un miedica.
EliminarTengo en mi dormitorio una Mariantonieta de terciopelo rosa y jamas se me ocurriria sentarme en ella a no ser que quisiera quedarme a vivir en ella hecha un cuatro para siempre
ResponderEliminarCreo que se llama hipocondria al miedo a estar enfermo , haz un esfuErzo y borra de tu mente ese pensamiento es muy atormentante , yo lo he sufrido y hace mil años que lo deseche
Te haré caso, Griselda, buscaré donde apoyar mi humanidad cuando me quiete el pantalón y así huir de mi hipocondria.
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