No tengo, hoy, mucho tiempo para contar alguna de mis vivencias diarias, pero si me lo dará para relatar, a modo de síntesis de mi sentimiento actual, lo que Pepe me ha contado al despedirme: “Yo siempre la quise, Enrique, solo pasó que se me olvidó decírselo”.
Hay tantas y tantas, cosas que nuestro orgullo nos limita, que no siempre es despreciable sentirse humano, mucho más, es sentirse, ADEMÁS, profundamente estúpido.
Feliz noche.

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