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miércoles, 9 de abril de 2014

Cuando sabes que se acaba y no puedes soportarlo … (Mercé Roura)

09 abril 2014

Es un deber compartir artículos que son puro arte vital. Hoy, otra vez, me quedo Mercé Roura:

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Painting: Andre Kohn

Un puñado de recuerdos a los que aferrarse por si el cielo cae

1 de abril de 2014 de merce roura

Soñar que vuelas.
Llegar al final del camino y que no te quede aliento.
Dormir notando que duermes. Bailar sin notar que bailas.
Acariciar su cabello suave y seguir con la mirada la curva de sus pestañas oscuras en su piel blanca.
El vaivén de las olas rozando tus piernas en la playa. La arena caliente de media tarde bajo tus pies y el sol que se retira hasta mañana cuando sabes que habrá más.
El primer día del verano más largo que recuerdas. Esa sensación de eternidad…
Todas las palabras que te han quedado en la punta de la lengua, a veces por suerte y otras veces por desgana…
Esa foto ya casi sin color que te golpea el estómago cada vez que la miras porque te sientes otra persona, en otro tiempo, con otra conciencia y otra mirada.
Cuando le deseas tanto que casi le tienes sin tocarle y sabes que lo nota y también lo desea. Cuando os acariciáis con las pupilas y os habláis con la mirada.
Aquel tiempo en que aún parecía que ibas a ser princesa…
Ese beso que ensayaste cien veces y nunca diste, pero que sigue siendo tan tuyo como si fuera real.
El día en que el predictor dice sí y te invade una sensación maravillosa de pánico y ternura difícil de explicar.
Esa tarde en la que paseando encuentras a un viejo amigo y prometes no volver a perderle… El instante justo en el que crees que serás capaz de cumplir esa promesa.
Cuando caminaste sobre brasas y mataste al dragón para que se diera cuenta de que existías y aún así no pudo verte.
Los cinco minutos después de saber que él también te quiere… Ese estallido inmenso, esa embriaguez de oxígeno y de ansia.
El mensaje secreto de las hojas rojas y ocres del otoño cayendo sobre el camino y dibujando formas absurdas a las que tú das sentido.
Ese sorbo de agua fresca en el día más caluroso de tu vida.
Cuando todo tenía arreglo y parecía estar a tu alcance. Cuando te sentías inmortal.
Ese ataque de dignidad que te permitió demostrar que podías a pesar de las críticas.
Todas las pasiones de ascensor que has imaginado y que sólo son tuyas…
El día que fuiste capaz de pasar página y te sentiste grande. Lo poco que duró esa sensación pero lo inmensa que fue…
Chocolate a escondidas… Cualquier cosa a escondidas que haya quedado prohibida o vetada.
Cuando le querías con tanta intensidad que lo podías todo…
El final del día, ese color malva en el cielo y esa mirada en sus ojos que invita a compartir.
La punzada de ese momento en que supiste que ya no estaba y te diste cuenta de que la vida es cortísima.
La cara de pez de ese adversario que antes fue amigo y  que te subestima a pesar de conocerte.
Cuando descubres la viga en tu ojo y no eres capaz de encontrar paja en el ajeno…
Un domingo de mayo, hace casi veinte años. El día era claro y te sentías radiante sin saber por qué. Ese y todos los días que has sido inexplicablemente feliz sin poner barreras a tu entusiasmo.
La primera vez que te llama mamá y el corazón se te expande tanto que inunda el universo. Esa y todas las primeras veces para todo, las dolorosas y las maravillosas. Las que quieres olvidar y las que han quedado esculpidas en tu cabeza para siempre.
Su olor en tu piel.
Las sombras de la pared y las casas con tejado rojo y paredes blancas de los dibujos de los niños.
Cuando había tesoros en los rincones y castillos en el aire. Cuando los ríos eran de papel de aluminio y todo podía sujetarse con alfileres en un mural de corcho.
Un plato de sopa caliente una noche de invierno. Las manchas de las baldosas de la cocina de color azul cobalto y de patrón incierto.
El minuto antes de que tu ropa caiga a sus pies y el minuto después… Y todos los minutos que les siguen.
Cuando notas que la fiebre baja y el pulso se calma.
Besar su cuello largo y quedarse dormido.
Lo difícil que fue conseguir entrar. Lo necesario que fue salir. Lo mucho que te costó darte cuenta.
Esa noche tan larga de pequeños rezos suplicando imposibles.
Todas las primeras tazas de café con leche de todas las mañanas de tu vida.
Todos los cuentos de todas las noches.Todas las lunas de fieltro y las montañas de cartón.
Cuando notas que hacerle feliz te hace inmensamente feliz.
Cuando sabes que se acaba y no puedes soportarlo.


 
Las Cosas de Enrique #etarrago 
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9 comentarios:

  1. Enrique, me encantaron estos pensamientos, deseos, sueños... o cómo tu quieras llamarlos, es difícil elegir uno, quizás el que evoca al amigo " esa tarde en la que paseando..., me parece tan familiar, tan real, cuantas veces no hemos dicho lo mismo ante un encuentro...
    Saludos desde Caracas

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    1. Ay, nuestra querida Venezuela. Gracias, María. Así son esos momentos en que las secuencias neuronales nos marcan el camino del sentir, del querer, del vivir. Un abrazo, hispano, María.

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  2. Wow !!! Profundo y verídico.Paso a paso,la vida entera.Un cálido saludo.

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    1. Wow, idolidia, nuestors mundos andan en caminos de sentimientos paralelos. A mi me gustaría saberlo hacer como lo haces tú, pero no sé, yo solo sé hacerlo como sé. Un abrazo-e, querida poetisa.

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  3. Veo amigo que está metido de lleno en la profundidad de los pensamientos.....................

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    1. Profundamente, amigo argy. Gracias. Quiero entender que me entiendes. Hay pensamientos que nos superan, nos descubren otra forma de vivir y de pensar y eso, sin duda, aunque, a veces, parezca algo estúpido, es lo que es, un profundo y amargo y dulce, sentir.

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  4. Merce escribe muy bien, pero es cuento !
    Yo ahora estoy en la realidad, la unica, la que se vive en un diario penible

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    1. Ánimo, Pandora, dicen y creo, que ante la desdicha y la contrariedad es cuando somos capaces de mostrar nuestros mejores valores, solo es cuestión de proponérselo. Sé que no es fácil, pero yo ya he pasado varias crisis de salud y aquí estoy, intentando mantenerme en pie, con fuerza y con ganas de vivir.
      Un abrazo.

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