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domingo, 16 de octubre de 2016

La soledad de los domingos y la felicidad


16 octubre 2016

En un oscuro rincón de una oscura y triste barra de un triste y apartado bar de ese incipiente  día, justo allí encontré  a mi cura favorito con el misal encima de la tabla, justo al lado de su taza humeante, la cual, la taza, sigue siendo de contenido misterioso a base de infusión de café y algún extraño licor cuyo aroma me atrajo tanto que me hizo reconocerlo desde el Paseo de la Playa. Le di un golpe en la espalda a modo de saludo y ni se inmutó, como buen discípulo del gran y sabio Dios, me di cuenta que me estaba esperando ¡¡me había reconocido!! - "Sabía que eras tú, Enrique, el ruido de tu gayato al besar el suelo y tus rumbosos balanceos te hacen inconfundible". Me di cuenta que él, como la mayoría de sus compañeros de Fe y Santo Oficio, tienen dotes parasensoriales estratégicamente colocados en la virtud de su habla lo cual les lleva a un discurso apológica y sensatamente creíble.  "¿Qué, de domingo sin nadie a quien ver?" - me dice - y yo, raudo, le contesto: No querido cura de mis amores, yo, como tú, siempre tengo a quien adorar, querer y admirar, con la diferencia sobre lo tuyo de que lo mío es tangible aunque, también como lo tuyo es y quiero que sea, eterno. Yo creo en la perdurabilidad de la esencia querido misionero de la Fe.

Estuvimos charlando hasta que el astro sol se dejó ver por encima de la LH, (línea del horizonte), y dejamos de hacerlo porque, al rato, entraron en tromba todos los solitarios, solteros, divorciados, viudos y viudas,  y diversos abandonados veteranos de los domingos con sol, que marchan en procesión hacia el Ateneo y que hoy, por los azares del descanso obligado a empleados a eso del final del verano, se regalan, (en el Ateneo), unas merecidas vacaciones de una semana horribilis para ellos, (para los jóvenes y solitarios veteranos), y en el que ellos, (los del Ateneo), cierran las puertas del escenario de sus gestas más brillantes, (las de los jóvenes y solitarios veteranos), y, a veces, únicas formas de comunicación con el resto del mundo cual es su Ateneo Celestial, el de sus Misas, sus partidas de dominó, sus clases gratuitas de informática, sus pecados culinarios, su prohibido bebercio, sus desmadres semánticos y el contar de sus maravillosas historias nunca jamás contadas a nadie ... toda una vida incontable ... y también soñada. 

Mi Santa Madre ya lo decía, (a mi me lo enseñó desde niño), para ser feliz lo más importante no es serlo, lo más importante es creérselo y para ellos, mis amigos, esa es su vida, creerse que son felices sin saberlo, tanto, que hasta lo son.




Enviado desde S6+Edge





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