martes, 27 de marzo de 2018

Una mañana inolvidable, como todas en las que puedo ver el sol naciente

Un lujo de dioses: Ver el sol naciente cada día



27 marzo 2018
– “Hablábamos de la oscuridad; de la de la misa en la Catedral en viernes Santo; de la del túnel de ese viaje en tren por la rocosa costa de La Marina Alta; de la de esos cines de mi infancia donde siempre proyectaban películas en blanco y negro; de la oscuridad inmensa de esas viejas casas de la Barceloneta de los 50 cuando se rezaba la muerte de algún viejo olvidado en el día de las apologías que nunca recibió en vida; de la oscuridad de nuestro futuro como humanos al saber que en 2050 no habrá agua potable y que la mitad de las especies ahora conocidas habrán desaparecido de la faz de la tierra.”
– Bueno, y a todo eso, tras ese apocalíptico mensaje que nos lanzó esta madrugada el principal ejecutor de las noches sin vela de viejos arrepentidos, cual es nuestro viejo amigo Arturo cuando aparece por el Ateneo con sus miserias, la chica de la cofia de nombre ucraniano e impronunciable, haciendo un gracioso gesto de enseñarnos muslo o pantorrilla, (según cada cual), y mirando a la Loli, (nuestra chica 10 de los baristas para un mundo mejor), va y nos suelta un discurso necesario para el momento y para elevar el ánimo de los sesentones, (y setentones de buen ver), del lugar, con su seductor acento habitual y que yo con mi siempre necesaria maestría para entender el ucraniano, traduzco así: “Oídme muchachos del ayer, bailemos al son de la música y olvidad el mensaje de Arturo que se nos está quedando muy viejito de alma” – y la chica de la cofia, al grito de… “enchúfamela Loli”… comenzó a sonar una de Rozalen, (El hijo de la abuela que, por cierto, me pirra ), y allí tendríais que haber visto a todos los chicos y chicas del PREU, danzando al son y ritmo que, sensual pero elegantemente, marcaban la chica de la cofia y la Loli en su versión más… bueno, más +.
– Una mañana inolvidable, como todas en las que puedo ver el sol naciente, lo cual, a mi edad, un lujo que, a veces y en mis tormentosos sueños, parece algo tan deseable como todo lo que ofrece el que así sea.
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